sábado, 19 de febrero de 2011

KIT KAT CLUB - BERLÍN

¿Es el Kit Kat Club de Berlín, el club más bizarro del mundo? Si nos ponemos a pensar que en EEUU estaría prohibido, como tantas cosas, en África no saben por lo general lo que es un club, en Asia pondrían el grito en el cielo y en Europa no hay nada igual, podríamos decir que si.




El templo de la libertad, los vicios y los deseos se encuentra a unos minutos de la emblemática Postdamer Platz, el primer lugar en Europa en contar con semáforos. Quizás su vocación de club abanderado de la modernidad y de la extravagancia tenga algo que ver en ello. Todas las tribus urbanas tienen cabida en el Kit Kat. Desde rockeros a travestis, pasando por transexuales, hippies, nudistas, mods,góticos, gays, heteros, andróginos, darks, heavies, punks, yamambas, fetichistas, grunges, cools, skins, rastas, otakus o hasta frikis. Y la gran virtud del este sitio, es que nadie se siente diferente o acertado (o equivocado) por vestir o comportarse de cierta manera. Todo está aceptado mientras haya un respeto mutuo, máxima que debería trascender las paredes del Kit Kat y extenderse por las calles de todo el mundo. Al Kit Kat se viene a disfrutar de ser lo que uno no puede ser ahí fuera, aunque esta máxima quizás se queda corta en Berlín, a mi juicio, la ciudad más liberal y moderna del mundo. Las calles de Berlín, sobre todo de varias zonas, tienen mucho que ver con el Kit Kat.




Pero entrar en el paraíso tiene sus normas. Si vistes “normal” fuera, aquí dentro lo tienes que dejar en el ropero. Y, o bien entras desnudo, o bien te pones lo que te de la gana, siempre que cumpla esa premisa. Que no sea “normal”. Y ojo a los muchos que han intentado traspasar la puerta del templo de las vanidades y no lo han conseguido. Con un gorro de Papá Noel no es soficiente. Ni con unas gafas de mosca. El Paraiso, como su propio nombre indica, sólo admite a lo más selecto del submundo urbano y por ello, para hacerse una idea de como ser aceptado, mejor guiarse por las imágenes aquí presentes.



El Kit Kat merece una visita sobre todo los sábados por la noche. Es su día cumbre. El “CarneBall Bizarre” comienza a eso de las 11 de la noche y se extiende como un sueño interminable hasta la tarde del domingo. Su lema es el de “ven a hacer lo que quieras, siendo quien quieras o siendo quien eres” y aquí un presente que ha estado allí, puede dar fe de que sin duda, el ambiente en el Kit Kat es único. Nadie está en una fiesta de disfraces ni existe el “oy mira aquel como va”, o el “¿y tu que te has puesto?”, simplemente porque sus adictos no se asombran de nada ya que ellos son simplemente así. El domingo por la mañana, los que no han sido admitidos por la noche por su indumentaria, pueden probar suerte de nuevo ya que la puerta afloja su sistema de admisión, pero nada tiene que ver la potencia del sábado por la noche al medio gas del domingo por la mañana.




La entrada está guardada por un cachas que nada tiene que envidiar a He-Man, vestido de cuero de arriba a abajo y con un gesto alemán que deja enamorado a todo el mundo. El tiene la última palabra a la hora de admitirte o dejarte en la calle. La chica del ropero simplemente va desnuda con una cadena que le sale del coño y le abrocha en uno de sus pezones. Dejas la ropa que te sobre allí, te pones la que te falte o simplemente no te pones nada, y las cortinas rojas del fondo dan paso al cielo.



Una enorme habitación a modo de invernadero con palmeras, sofás blancos y bandejas de frutas a modo de bacanal romana a lo alemán, hace de zona chill-out donde sentarse a descansar de la musica ensordecedora y el ritmo esquizofrénico de los focos de la sala principal. Aquí se ve de todo, y sin necesidad de penumbras. Es un gran salón de la conversación, de la risa y por supuesto de los placeres. Que un grupo muy animado de seres de sexos variados estén practicando precisamente eso, sexo, no es nada del otro mundo. La gracia está en que en ese mismo sofá, puede haber dos asiáticas rapadas con la calva rosa hablando tranquilamente y fumando un cigarrito. Las drogas tienen su protagonismo por supuesto en este laberinto de los placeres que es el Kit Kat... porque... ¿que sería del cielo, si no se puede flotar? Ni que decir tiene que uno se puede unir a cualquier grupo y a cualquier experiencia. La atmósfera invita a ello. Todo el mundo se ríe, todo el mundo te habla, todo el mundo participa, quizás seguramente porque todo el mundo está de acuerdo en aquello. ¿Y si alguien te propone algo y no gustas de ponerlo en práctica? Con una sonrisa y un no educado por respuesta lo consigues todo. Y advertimos que este no es un local de voyeurs. De hecho deberían tener prohibida su entrada, si supieran en la puerta quienes lo son. Y nos referimos a voyeur como al típico personaje o grupo de personajes que van a molestar, mirar y reírse de la gente y no entender de que va aquello. Paletos, no. Si hay una chica chupándosela a un chico en un rincón, y al lado hay un señor mirando y haciéndose una paja, la cosa está más que admitida. Los tres se lo están pasando bien.





Y tras esta estancia, pasamos a la pista central donde pinchan un techno-trance de calidad suprema con temas míticos de los 80, 90 e incluso 2000. Y aquí es donde de verdad se hace realidad el Kit Kat. Una amalgama informe de gentes venidas de todo el mundo, de todas las edades, de todos los precios, sin prejuicios y sin sentimiento del ridículo, unidos en un trance absoluto del divertimento y la liberación. Nadie se molesta por prácticamente nada y todo el mundo puede hacer practicamente de todo porque todo el mundo sabe de qué va la cosa. Y por supuesto, la vestimenta. Se ve de todo. Hasta no vestimenta, claro. Recuerdo a una chica con tres grapas en el coño y ya está, bajita, simpatiquísima, en mitad de la pista... recuerdo un señor de chaqueta que de lejos parecía “normal” y cuando nos acercamos, se estaba haciendo una paja así sin más. Recuerdo un negro enorme sentado en un sofá vestido de futbolista y una señora de unos setenta años vestida de cuero chupándosela así sin más. Recuerdo un chico chupársela a otro que bailaba desaforádamente con lo que supongo que sería su mejor amiga o su novia o... que más da. Y nadie dice nada. Y que quede claro que el Kit Kat no es un club de sexo. Aquí la gente no acude a follar como si lo hace a otros sitios de Berlín de los que ya hablaré. Aunque por supuesto se puede tener sexo, y casi que se debe, aquí la gente simplemente viene a liberarse. Y ya está. Por supuesto cuenta con su requerido cuarto oscuro en la planta sótano, abierto a todas las oportunidades que el género humano puede dar a día de hoy.





Muchas cabezas calientes, cansinas o poco ilustradas, podrían pensar que todo atiende al marketing de la empresa y al hacer caja a toda costa, pero cuando uno llega allí y descubre que la camarera abre los botellines de cerveza con el coño y que tras beberse una, se sube a la barra y se lo mete allí mismo, se da cuenta que para nada es marketing ni ganas de hacer dinero. Simplemente es forma de vida, extravagante si se le quiere llamar, pero completamente aceptable y absolutamente no censurable. Y al que no le guste, que no vaya. En el paraíso no cabe todo el mundo y cada uno tiene el suyo propio.





Cuando uno ha viajado por ahí y ha ido a “las mecas de la liberación” como podría ser Ibiza, se da cuenta que hay cosas que no cuadran, o que no son de todo ciertas. La marca Ibiza vende porque es cierto que la isla disfruta en verano de una atmósfera de hedonismo y cierta permisividad (cada vez menos, mucho menos) a la hora de comportarse. De siempre se ha dicho que lo que se ve en Ibiza, no se ve en otro sitio... (cada vez menos, mucho menos). Pero cuando uno vuelve a ir, y vuelve a ir, y termina por visitar el Kit Kat de Berlín, se da cuenta que a Ibiza, hoy, va una banda de chiquillos a sentirse libres en un show construido para tal efecto. A Ibiza van a liberarse. Nada tiene que ver con Berlín y su Kit Kat. Allí, solo se atreven a ir los liberados.



2 comentarios:

Roberto dijo...

Ibiza se ha convertido en la isla del pose...poco queda de aquellas fiestas, que únicamente pueden hablar sobre ellas quienes las vivieron....

Por cierto,....que impersonal el relato de hoy....¿realmente la vivió?? ,-)

Anónimo dijo...

Lo de siempre prohibir entrar......
En unos sitios si eres aquí si no eres

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