viernes, 4 de marzo de 2011

THE HOIST - LONDON

El Hoist es ese tipo de local que hay que conocer y visitar al menos, una vez en la vida. Hay muchos intentos de Hoist por todo el mundo, como el Odarko o el Paw en Madrid, L´Impact en París o el Berlín Dark en Barcelona, pero ninguno de ellos hace sombra a la madre de todo ellos. El Hoist se encuentra en la turísticamente cerda zona de Vauxhall, en Londres, y su día fuerte es, o bien el sábado por la noche o bien el domingo por la tarde.

Hablaré hoy de forma general del sitio, porque como acudo con frecuencia, iréis sabiendo de mis andanzas por allí de cuando en cuando.

Al Hoist hay que ir con un estilismo especial y adecuado. De hecho, los sábados por la noche, las botas son obligatorias. Si no tienes, en la entrada se pueden alquilar por dos libras, y sino, tenéis la posibilidad de comprarlas en la tienda del local, Freak, que las vende mucho más baratas que en cualquier otro sitio del mismo estilo. A mi las mías, por 20 libras, y bien monas que son.

Hablaremos primero del sábado por la noche.


Uno llega y lo primero que tiene que hacer es ponerse el modelo. A las 12 es buena hora para acudir. Te dan una bolsa muy propia de basura donde meter tus ropas normales, te quedas con el modelo y entras a lo que es el local en si, que lo tienen bellamente ambientado a modo de mazmorra con sus ladrillos, bóvedas y demás jaulas y baños que nunca han sabido lo que es una inspección de Sanidad. En la barra se puede disfrutar de una copa acompañado de bellas señoritas del estilo a esto:


Vamos, que si, que a veces hay hasta estrellas, como Samuel Colt, Alex Baresi u otras. Verdaderas vedettes empotradores del universo de las ultracerdas. Aunque en general, el público del Hoist es muy hetereogeneo y variopinto. Van desde señores muy mayores con las barrigas muy caídas, pasando por niños muy jóvenes con los cartílagos muy marcados, hasta empotradores en todo su más amplio sentido de la palabra y esplendor, muchachos que no saben donde están, modelos de cuero de arriba a abajo que parecen sacados de los dibujos de Tom of Finland, otros de goma que parecen preservativos inflados, y algún que otro fetichismo ya más raro que no sé donde catalogar y que aquí os muestro para que veáis que el mundo no se acaba en los Pirineos, y que más allá, la gente está mucho más sonada de lo que pensábamos.





Sin duda, la reina de todas las parafernalias es "huevo alien". Es maravilloso comprobar como Europa es la tierra de las libertades, y aquí, los inventores de tal artilugio, nos enseñan en lo que parece ser su jardín de experimentos, como usarlo con un pobre niño vietnamita.


Y por supuesto, en la feria Folsom de Berlín, el mayor escaparate de estas cosas que no sé como llamarlas, no podían faltar los hinchables. A mi me tienen que no sé ni que decir...


Para más información y próximas novedades, visite d.vote, la casa de costuras que los saca cada temporada.

En el Hoist, como su hermano mayor, el Hardon, se ve de todo. La gente va muy profesional vestida y hace un uso muy profesional de las instalaciones. En los slings se ven las empotraciones más tremendas que uno se pueda imaginar. Hay señores que directamente están en los slings esperando a que los empotren, con el bote de Crisco en el pecho a modo de bufete. Estos me dan especial escalofrío, porque suelen ser bastante feos y decrépitos, y pocas veces los empotran, a no ser que otro adefesio se atreva, y entonces se crean esas estampas tan dantescas a las que es obligatorio asistir para darse cuenta de a lo que llega la especie humana. Yo he comprobado que a más feos, más brutos son. De hecho, una vez vi a un señor echándole ketamina en el culo a otro que estaba colgado de un sling, y de repente el culo le hizo una cosa rarísima. Se le abrió la flor, que yo lo llamo así porque los músculos del culo se abren como dando la bienvenida a la primavera o a lo que sea, tal que así:


Luego hay como una planta alta a modo de azotea sobre el bar principal, a la que no es interesante subir pero desde la que se ven unas bonitas vistas de la planta principal. Verdaderamente, lo más interesante es quedarse abajo y mirar hacia arriba. Una especie de enredadera de pitos y culos de hombres, cuelga a modo de cornisa y hasta si uno se fija, se pueden ver empotraciones y pitos chupados desde abajo. Una vez estaba yo en la planta de abajo, en el bar como no, bebiéndome mi whisky, cuando de repente, “algo” cayó sobre media espalda de un negro con harnés que tenía delante mía. Un amigo suyo le avisó de que alguien le había echado “algo”, y el negro, ni corto ni perezoso, se pasó dos dedos por “aquello”, y se lo llevó a la boca exclamando un “tasty!” (¡sabroso!) estupendo al que todos sus amigos contestaron con un aplauso. Ver para creer.


También han ocurrido accidentes en el Hoist. Como para que no ocurran. Otro día estaba yo con mi amigo Carlitos en la barra hablando de vete a saber que, y de repente escuchamos un porrazo enorme como metálico. Nadie echó mucha cuenta a aquello pero estaba claro que alguien se había caído por las escaleras que suben a la planta de arriba. Nada más lejos de la realidad. Un señor mayor se había escurrido desnudo y se había caído a modo de gato atropellado, a los abismos de la pureza de esos suelos. Lo tuvieron que sacar y todo e incluso, si mal no recuerdo, llegó el SAMUR inglés a socorrerlo. Mi amigo Carlitos dijo que es que claro, “había mucho lubricante por el suelo”... La parte más fascinante de aquella tarde es que yo ligué con un muchacho monísimo, de estos que caen una vez cada veinte pedos, y me empotró de una forma muy elegante debajo de la escalera. Cuando acabábamos, miré a un rincón y encontré una bonita dentadura postiza en el suelo, vivo testimonio del señor mayor que se acababa de romper la cabeza minutos antes.

Luego están los baños, que cuentan con unos bonitos lavabos de diseño y unos cuartos de váter muy amplios en los que nunca se puede hacer caca porque están ocupados por siete u ocho a la vez. Y en los meaderos de pared no creo que nadie haga mucho pipí porque siempre hay otros siete u ocho haciéndose pipís unos encima de otros, con que lo mejor es venir evacuado de casa.


Y como no, como todo local británico que se precie, el Hoist tiene su zona de fumadores, que no es nada más y nada menos que el pasillo de entrada al local desde la calle (1), (2 es la entrada a la tienda) por lo tanto, ni que decir tiene que no tiene precio la imagen de los empotradores y demás elementos, fumando con sus modelos puestos en plena calle, algunos practicamente desnudos, con la gente pasando y viendo esos fetichismos que hemos visto antes, y que algunos no se entienden por muy cerdo que se sea. Los peatones deben pensar que lo que hay dentro es una tómbola, con tanto muñeco y tanto hinchable en la puerta...

Este bonito sitio, cuenta con una zona especial, que tan sólo abren en ocasiones muy especiales. Los sábados, como día grande, está abierta. Es la llamada “zona humeda” aunque yo la llamo mejor dicho, el infectorio. Allí uno va, y se da cuenta que se ha perdido el temor de dios hacia la hepatitis por ejemplo. Una bonita piscina de obra es la reina del lugar. Allí siempre se encuentran metidos dos o tres muchachos vestidos de goma de arriba a abajo, como si fueran peleles, agachados o puestos de cuclillas, esperando que alguien les orine encima. Siempre cuentan con un bote de popper y siempre suelen estar sólos y no mucha gente les presta atención. Si acaso se les mea alguien de paso y poco más. Es una tribu urbana curiosísima que me encantaría encontrar en la Wikipedia para saber más de ellos. Esperemos que prosperen porque yo creo que tienen mucho que decirle al mundo.



El Hoist, en toda su gloria.


Y el otro día grande del Hoist es el domingo por la tarde a partir de las 14h. Para asistir a este evento no hace falta modelo ya que hay que ir como dios te trajo al mundo. Además las botas no son un must. Puede ir uno con chanclas si quiere. Y se vuelve a repetir todo lo que he comentado arriba, pero con una dosis de olor a humanidad que la puedo describrir con palabras pero que de verdad, es única. No es que huela mal a sudor o a caca o a pipí (bueno, a caca huele un poco al final...pero por eso mejor no ir muy tarde). A lo que huele es a hombres desnudos metiéndosela. Es un olor que solo puedo describir así. Y siempre tienen shows muy propios con grandes estrellas del firmamento empotrador, como la que yo vi de Samuel Colt en la que dicho empotrador (me enamoré perdidamente de él ya que es, no bruto, sino lo siguiente) se subía al escenario con todo el local lleno de hombres desnudos apretujados, se ponía a hacer como unos bailes un poco ridículos y luego ya le iba acercando el pito a las primeras filas y las fanes se lo chupaban muy a la tremenda y como si fueran pajaritos hambrientos esperando a su madre. Este comportamiento se ha repetido en todos los shows que he ido de este tipo, en el Hardon, por ejemplo, así que queda claro que es obra de otro gen deforme que hay sin clasificar.


Y ni que decir tiene, que la zona de fumadores es la misma, en plena calle practicamente, pero en vez de llevar modelos, los fumadores están desnudos y la gente pasa por la calle y se escuchan muchos gritos puestos en el cielo.

Indispensable ir al Hoist. Y si vas a Berlín te puedes alquilar un apartamento al estilo, los Hoist Basements, y pasar unas entrañables y agradables vacaciones rodeado de vecinos al estilo, con hobbies al estilo y con indumentarias al estilo. Sin momento ni para respirar, vamos. Ya me veo yo saliendo a mi balcón a regar los geranios vestido de cuero... hay que ahorrar.  

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola autor, estoy interesado en el curiosisimo "huevo alien" ¿cual es su funcion? Gracias, un saludo.

queinsolito dijo...

Eso hay que preguntárselo a sus creadores... yo llego a mucho, pero no a tanto...

Roberto dijo...

Yo creo que es el sentir la presión de toda esa goma donde está el goce.....

Anónimo dijo...

Todas las teorias se me derrumban cuando los señores que estan fuera abren la cremallera para meter la mano dentro del "huevo" y tastar no se el que...

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