sábado, 26 de marzo de 2011

VAULT 139 - LONDON

El otro día quedé con mi Mark, que fue el muchacho aquel que conocí en el Vault y con el que hablé tantísimo en la barra y luego me fui con él y su amigo al 79CXR. La verdad que el muchacho, mono no es. Vamos, tira más bien a feo, pero a mi me cae muy bien y me hace gracia. Así que quedamos. Estuvimos todo el día por Hyde Park dando vueltas y tomando el sol y luego nos fuimos a South Kensington a comer. Ya por la tarde, estuvimos en Covent Garden en una tienda australiana muy curiosa y cara y allí compramos gusanitos y barritas de muesli al módico precio de 3 libras cada cosa. Claro, yo le decía que si no era mejor gastárselo en cervezas en algún sitio, pero él decía que no, que tenía que probar los twisties que eran una cosa muy de allí y me iban a encantar. Sinceramente, prefiero los garrochitos que además valen 50 centimos, pero bueno...


Luego fuimos al Café Nero a tomar unos batidos y ya mas tarde al Duke of Wellington, en pleno Soho, a tomar unas pintas. Allí me presentó a sus amigos que aun no conocía, y me re-presentó al amigo que si que conocía ya desde aquel día en el Vault. Todos muy salaos desde luego y como muy obsesionados, sobre todo uno de ellos, con tocarme el pecho, que ya ves el pecho que yo puedo tener. Ni que fuera una cosa tremenda. Pero ellos me pasaban la mano por debajo de la sudadera y yo me sentía muy manoseado por desconocidos, cosa que me encantaba.


Después de allí nos fuimos al 79CXR. He de decir, que ya eran como las 6 o 7 de la tarde y claro, uno empezaba a estar bebido de tanta caña y a tener otras necesidades. Vamos, que me acababa de dar cuenta de que era jueves y que eso significaba que en el Vault hacían fiesta de desnudarse a partir de las 19h. Una visita se hacía obligada pero claro, como salir airoso de la situación con el Mark por allí a mi alrededor, sus amigos... en fin, que había que inventar algo. Menos mal que no hizo falta porque al rato Mark me dijo que te tenía que ir que ya era tarde y entonces yo aproveche para irme también. Lo peor fue que le dio por acompañarme al metro de Leicester Square, donde cogimos la Piccadilly Line hasta Green Park, y allí se supone que yo cogía la Victoria Line dirección sur para irme a casa y el dirección norte para irse a la suya.  La realidad era que yo también la tenía que coger dirección norte para irme al Vault. Total, que meándome muchísimo, tuve que hacer el paripé despedirme, meterme en el tren, bajar hasta Victoria y cambiar de anden y coger el siguiente tren dirección norte hasta Warren St. En el tren iba pensando: ay que ver la pobre criatura que va en el tren de delante a casa y se piensa que yo ya voy camino de casa, y a lo que voy es a desnudarme a un bar.


Meé enseguida en un pub de una esquina y me metí en el Vault, a riesgo de encontrármelo a él o a alguno de sus amigos. Si me lo encontraba a él no pasaba nada más que una vergüenza mutua de ser las dos tan cerdas. Si era a alguno de sus amigos, quedaba yo de fresca pero bueno, por una fiesta de desnudarse hay que arriesgarse siempre.

Y allí que me fui. Estaba hasta arriba como siempre y con unas gentes muy idas de madre. Nada más entrar, olía a ese olor a bar de desnudarse que tan típico se me hace pero que no sabía describir. Es un poco como entre olor a culo y olor a sudor pero también a hombre mezclado con un poco de pito. Yo me senté en la barra y allí de repente apareció un señor enorme y tremendo, monísimo, que se puso a hablar en español perfecto con el de la barra, que es sudamericano. Yo al tremendo ya lo había visto varias veces y como vi que era español, ideé una triquiñuela a ver si conseguía algo de él. Así que me recliné un poco queriendo contra él en la tabureta para simular una posible caída y exclamé un “coño que me mato!” pero él me miró como muy sin interés y se fue. Me sentí muy poca cosa y la verdad, me gustó. Un rechazo, si es de alguien así, bien ganado está.

Yo fui al baño varias veces a hacer pipises, que de tanta cerveza parecía que en vez de vejiga tenía ahí un alambique, y en una de estas, al volver a mi taburete, vi que estaba ocupado por otro señor así que me fui a sentar en otro. Siempre recomiendo examinar los taburetes de los bares de desnudarse antes de sentarse, ya que puede uno encontrarse de todo. Yo acostumbro a poner dos servilletas o tres y me siento encima. Luego hay que acordarse de que las servilletas se suelen quedar pegadas al culo, no os vaya a pasar lo que a mi me pasó un día en el madrileño Paw, que fui a levantarme, no me di cuenta de que se me había quedado pegadas, y nadie se liaba conmigo hasta que uno me dijo: -oye, has ido al baño y se te ha quedado el papel pegado en el culo. (…)

El caso es que miré el taburete antes y estaba como lleno de lo que definiría a la vista como una especie de salsa de cebolla. Una cosa como grumosa. Me imaginé que era lubricante de culo empotrado mezclado con sudorinas y quizás algún fluido de empotrador. Me pareció muy decandente, le dije al de la barra que no lo limpiaran por favor, que decía mucho del sitio, y me senté en otro limpio.


El caso es que estuve allí bebiendo y bebiendo y de repente apareció un muchacho tremendo. Pero tremendo vamos. De esos empotradores que dices: Yo por este no dejaría los bares, pero si que dejaría de maquillarme. Vehemente hijos. Un cuerpo...que pena que no pueda hacer fotos allí metido pero vamos, os cuelgo una foto de un empotrador muy parecido para que os hagáis una idea. Este era incluso más tremendo aun.


Y lo que son las cosas, de repente se fue como para un sofá donde había un muchacho sentado abierto de patas, y sin hablar ni presentarse el uno al otro, el tremendo se puso a chuparle muchísimo el pito al otro, allí de rodillas. Claro, yo no sabía que hacer, porque al que se la chupaba era bien feo pero esto son cosas que uno no puede controlar y a lo mejor el tremendo era igual que yo, que llegado a un punto de pedo, por liarse con lo que sea, se intenta liar hasta con los baffles de un cuarto oscuro, como me pasó una vez en el Ánfora de Ibiza. El caso es que permanecí allí sentado y de repente el tremendo dejó de chupársela y se fue para las oscuridades del Vault. Yo estaba un poco aburrido porque aquello no es desde luego como el patio de vecinas que es el Paw de Madrid, del que pronto hablaré. Aquello es más british. Así que me dije: vete a dar una vuelta a ver que ves.

Y lo que vi era todo como una degerenación total de todos con todos. Lo que siempre se ve en estos sitios, claro. Uno chupándosela a dos que están siendo empotrados por otros dos, otro como muy abandonado cogido en brazos de tres como si fuera un descendimiento mientras otros dos se la chupan así en volandas, en fin, unas cosas... tremendas. A mi hubo uno así como muy monillo que se me acercó pero me dio cosa porque se le veía bastante perjudicado. Hice bien. Rato después me fui a la barra a beber más y de repente apareció él, se me fue a acercar a darme como un beso en la boca o algo por el estilo y nada más acercarse, advertí un olor a caca en su cara tremendo así que como que esquivé el beso como pude, como si de Ana Botella en una cena intentando no besar mucho a Pedro Zerolo se tratase. Yo no sé la gente como puede llevar esos olores a caca en la cara.

Total, que allí en la barra, aburrido un poco, de repente se abrió el cielo. Serían como las 22h cuando el tremendísimo que os he contado hace nada, pasó por mi lado, me miró, se acercó un poco y entablamos conversación. Era italino, no recuerdo el nombre, e iba un poco pasado, la verdad Pero claro, ese pecho tan perfecto, esos hombros, esas piernas, esa cara...yo me retorcía muchísimo en mi banqueta y enroscaba las piernas con vuelta y media y doble tirabuzón invertido hasta el punto de asfixiarme el pito pero es que la cosa no era para menos. Y de repente me dijo que me fuera con él. Y claro, aunque una barra es una barra, un empotrador es un empotrador. Me bebí mi whisky doble de un trago y para allá que me fui. Me llevó a una especie de madriguera así como parecida a la celda esa de Ben-Hur donde pasaron Tirsa y Esther más de cuatro años y pillaron la lepra. 


Y allí, con unas puertas estilo a un salón del oeste, nos encerramos y surgió el amor. Nos besamos muchísimo tipo de estas veces que te besas con uno y dices: -qué ridículo que es todo, porque ni nos conocemos de nada ni estos besos tan apasionados significan nada, ni yo siento nada ni nada, pero en fin, hay que besarse que es muy mono. Pues así estuvimos y luego el ya como que me sentó así empujándome para abajo, cosa que me pone súper cochina porque es como la mayor muestra de sumisión ante un empotrador, y se la chupé muchísimo. Tenía el pito perfecto, en el cuerpo perfecto. Era una cosa... de estas veces que le chupas el pito con arcada y lagrimón y te salen esas salivas ya gargajosas y como muy espesas, señal inequívoca de que eres una grandísima cerda. Yo estaba muy a lo mío y de repente noté sus dedos como rebuscando por mi culo. Claro, cuando pasa esto te solucionan el día porque es la mejor prueba de que el muchacho es activo. Como no te urgen en el culo, mala señal. Lo tengo comprobado. Así que yo como que levanté un poco una pata estilo perra meando en una esquina para que el muchacho pudiera urgar más y ya me levantó así como tirando de mi de los brazos, me dio la vuelta sin pedirme consentimiento, cosa que me fascinó, me pidió un condón, yo le di 3 más 27.300 lubricantes, y me empotró. Una empotración de estas súper tremendas porque fue como muy de violación. Nada de miramientos de al principio despacito. Claro, a mi no me dolía nada porque yo ya estaba a punto de pedir cita en la mercería de enfrente de mi casa para que me pusieran una cremallera detrás como última solución. He de decirlo. Esas empotraciones tan cerdas, tan sin miramientos, tan a lo bestia y encima con un empotrador así, son las que traen la primavera a mi vida. Yo me debo a eso y a las barras. Y luego ya lo de maquillarme o llevar la toalla en la sauna con nudo egipcio, es secundario aunque también primordial. Es un todo.

Yo acabé prontísimo dado como era la situación. Además se lo dejé notar porque me puse a hacer “abres y cierras” con el músculo del culo para que se enterar de que ya estaba bien. Es que una vez uno acaba, lo mejor es que te la saquen, quedes lo mal que quedes, que ya se te pone el culo dado la vuelta como un calcetín, y uno ya no tiene ganas de más. Me dio el beso ridículo ese que te dan cuando se van y te dejan sólo y violado, se fue como con mucha prisa a la zona de los tumultos, supongo que a terminar, yo me fui al baño a higienizarme un poco, luego me tomé una copa más, entró un tremendo tremendísimo, decidí que ya eran horas de irse, me vestí, me pillé el metro, recibí este sms de Mark “Me ha gustado mucho pasar estar tarde contigo. Espero que llegaras a casa bien y estés descansando”, me avergoncé de lo que soy y de mis “abres y cierras”, y me acosté.

Hoy hay un grandísimo evento. El Hardon. No sé si iré porque esta mañana me he levantado un poco fiebroso del catarro que arrastro desde hace dos o tres días. De hecho hoy volaba pero he llamado malo. Ya veremos...si esta noche me siento como ahora mismo, iré... y si me veo pachucho, pues me quedo en casa, pero por dios espero poder ir, que es el evento de los eventos y todo lo que pasa allí está como diseñado para actualizar al siguiente día. Ya os contaré.


2 comentarios:

Eric dijo...

yo tb hago el nudo egipcio, jajaja!!
Que bueno buenisimo este "relato" de tu salida...hacia que no me reía tanto..!!Brava!

Nacho dijo...

"Esas empotraciones tan cerdas, tan sin miramientos, tan a lo bestia y encima con un empotrador así, son las que traen la primavera a mi vida"

ME ha encantado... esto ya es de escritor de nivel Don Nando!

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