viernes, 1 de abril de 2011

SPACE OF SOUND - MADRID


Hablaré hoy de un sitio que aun existe pero que no es ni de lejos lo que una vez fue. Le ha pasado, creo, lo que le ha pasado a todo Madrid. Que se ha estropeado. Hace años que ya no quedan afteres en Madrid y que la noche se ha vuelto un sota-caballo-y-rey, y a veces ni rey. Fue sobre 2006 cuando se empezó a apagar todo y hoy, Space of Sound, el último gran after de la ciudad, es sólo un espejismo de lo que en su época dorada fue, allá por los años 1999 – 2005. Por no ser, no es ni after, ya que creo que abre por la noche, con lo que ha terminado de perder toda su magia. Space era muy grande. Y su logo, el de su época, era este.


De Space recuerdo todo en una especie de gazpacho en el que se me mezclan los días, las fiestas y las anécdotas. En su época, abría los domingos por la mañana, primero a eso de las 6 de la mañana. Luego a eso de las 9 y cerraba sobre las 6 de la tarde. Y en su última mejor época, empezó a abrir a eso de las 12 de la mañana hasta las 12 de la noche. Ambas dos últimas épocas son con las que me quedo. Ahora ha ido atrasando y atrasando sus horarios hasta hacerse discoteca de tarde, y ya hoy hasta de noche. Los de la puerta siempre tuvieron mala fama y de hecho eran bastante capullos. Pero eran tan monos... yo siempre disfrutaba mucho al entrar, con esos brazos, esos cuellos y luego ya una vez dentro y me subía el pedo, me entraban unas recalentonas muy tremendas disfrutando de esos seguratas tan del este, capaz de matarte de un bofetón. Eran, por mucho que se queje la gente, lo que tenían que ser. Matones.




Había un rollo muy bueno, no había mucha choni como me dicen que hay ahora, y la música era espectacular, amen de la sala, que también tenía lo suyo, aunque todo hay que decirlo, tenía sus días. Ahora creo que es una especie de Máxima FM barata que poco tiene que ver con lo que fue. Siempre pasó en Space que había una linea divisoria imaginaria que por arte de magia dividía la sala en dos. A la izquierda los heteros. A la derecha los mariquitas. Si te ibas a la zona hetero, era como estar en una discoteca hetero. Completamente distinto a estar en la derecha. Era como dos discotecas en una. Y por supuesto, en la zona marica llegaba un punto que reinaba un mar de tetas sudadas y olores a sauna imposible, típico de toda disco marica seria que se precie, aunque quizás aquí en Space y en La Troya de Ibiza, se llegaba a su punto máximo. Había veces que no se podía pasar y entonces hacías el ademán de querer pasar sabiendo que no se podía, para quedarte encajado entre maromos con el subidón de la pastilla. Era como estar en el paraíso, con esos escalofríos de pastilla, esos hombres a tu lado, esos ojos nublosos y esas ganas de hablarle a todos. Al principio, solía ir de empalmada tras haber salido toda la noche pero luego descubrí la maravilla que es meterte en un after recién levantado, así que eso hacía. Me levantaba, me pintaba un poco y allí que me metía. La sensación de meterte fresquito y recién levantado en un sitio donde la gente está toda tarada es total. Recomendadísimo. Yo siempre regentaba la barra de la derecha junto a las pantallas y allí me pasaba de todo.




Un aspecto de la zona marica con sus hombres de pelos de tetas sudadas. También los había sin pelos, pero siempre con pedos.

Recuerdo un día con mi amiga Maika, que estaba por allí David, el novio monísimo y empotrador de una amiga mía. El muchacho era tremendo. Y claro, andábamos Maika y yo intentando pensar como acercarnos a él sin que se diera cuenta. Más que acercarnos, queríamos sentirnos dentro de él. Así que idee la siguiente malicia. Cogí una pastilla y entre Maika y yo nos sacamos dos o tres mocos. Se los liamos en la pastilla y me fui a buscar a David. Claro, con esas distancias que había que recorrer en Space, con esas multitudes (cuando había fiesta especial podíamos ser 3000) y esos calores, los mocos se fueron secando, así que yo con mucho cuidado, los iba ensalibando un poco en la pastilla. Finalmente subí a la zona vip y allí me encontré a David como siempre. Me acerqué, y como haciéndole el gesto del avión, le fui acercando la pastilla mientras decía: Daviiiiiiddddd!!!..... Y claro, la criatura abrió la boca porque vio claramente que le iba a meter una pastilla, se la comió y bebió para tragársela. Yo rebosaba en mi interior de alegría. David me preguntó que qué era lo que le había dado, y yo se lo expliqué claramente:

-es una pastilla con varios mocos de maika y míos.
-venga ya, dime que es...
-de verdad que es eso. Maika y yo queríamos sentirnos dentro de ti y de la única forma que se nos ha ocurrido ha sido así, en forma de moco.

El muchacho se rió como pensando que se me había ido completamente la cabeza, pero yo me volví a mi barra muy contento y junto con Maika, brindamos por sentirnos por fin dentro del tremendísimo David,




Otro día recuerdo que ligué con un muchacho muy mono. En Space, todo hay que decirlo, era facilísimo ligar. Supongo que el pedo adobaba a la gente muchísimo y hacía que el sacarse un marido para el domingo o para un rato, se hiciera en un plis plas. El caso es que el muchacho me invitó a ir al baño, ya os imagináis para que. Claro, yo un baño, un pedo, una puerta cerrada, un retumbar de paredes... como negarme?. Allí que nos fuimos. Las colas en los baños eran imposibles. Se creaba un cuello de botella en el que uno se solía desesperar mucho porque entre lo apretado que se estaba, los empujones, el olor... pero siempre se hacían muchas amigas y se hablaba de todo en aquellas colas. Por fin nos toco un cubículo con puerta y allí que nos metimos. Ahora doy un salto cuántico enorme en la escena porque sinceramente, no me acuerdo de nada de lo que pasó, ni ahora, ni el día después de aquello. Sólo sé que lo siguiente que recuerdo fue que me levantó del suelo, que estaba yo de rodillas, él con el pito sacado colgando y yo haciendo cosas raras con la lengua y como hablando solo (según me dijo), mirando a la pared sin atender al pito. El muchacho se rió mucho y como que me dijo que mejor que lo dejábamos. Yo recuerdo no entender porque había que dejarlo pero claro, se pensaría que lo que se había metido en el baño era una especie de Gloria Fuertes trastornada, y que me había puesto a recitar allí de rodillas olvidándoseme que le tenía que chupar el pito al muchacho. Antes las pastillas es que eran buenísimas.

Recuerdo otro día estupendo donde ya estábamos muy desbaratados todos. Fue creo que una de las últimas veces tremendas que visité aquel sitio. El trastorno era como muy general y yo no sé a santo de qué, se me ocurrió sentarme en unos sillones que había así como para descansar entre pedo y pedo. Estaba lleno de travestis, y a mi las travestis, cuando voy pedo, me hacen mucha gracia. Bueno, pues no sé en que momento, de repente lo siguiente que recuerdo es estar yo muy sentado, así como repantingado, con las patas abiertas y una copa apoyada en la rodilla estilo chuleta, liándome muchísimo con una de las travestis. No logro acordarme del nombre. Ella era así como sudamericana, muy delgada y como con esa típica cara de travesti fresca y guarra que tienen muchas. Yo abría la boca así medio qué, pero ella la abría menos. Vamos, aquello era como besar a un periquito. Con lo que a mi me gustan los lenguetazos de barbad e tres días y los cuellos tremendos. El caso es que ella me propuso ir a mayores. Que me la llevara a casa. Claro, yo ni hablar. Yo me iba luego al People (otro requeteafter) con mis amigos. Y le dije que no, que a casa no, que si quería, se viniese al People. Y ella, fresca perdida, me dijo que si yo se lo pagaba, se venía. Menos mal que Maika me cogió por banda y me alejó de aquello, sino, yo en mi trastorno, capaz soy de llevarme a la travesti al People y pagarle la entrada como si fiera su chulo. Ella era puta seguro. Recuerdo que recibí un sms de ella camino del People, señal de que le di mi número, en el que me decía: “Mi carmín de labios está esperando tu polla. Donde estás cariño?” Hay que tener valor y poca vergüenza.




El Space estaba y está en la Sala Macumba, en plena estación de Chamartín. Al salir, se hacía muchas veces necesario cruzar el vestíbulo de la estación, repleto de familias y gentes normales con maletas a punto de pillar el tren o recién llegadas a Madrid. La estampa era grotesca. Decenas de gentes colgadas, con unas pintas de yonkis no, lo siguiente, algunos sacando dinero de los cajeros sin saber acertar con la tarjeta, otros metiéndose rayas en las cabinas...en fin... yo era un momento que siempre disfrutaba muchísimo porque era realmente, allí, con aquel silencio, aquel panorama “normal”... cuando uno de verdad se daba cuenta de la que llevaba encima.

Siempre llevaré aquella época de Space muy dentro de mi. Fue lo último más auténtico que dio la noche (o el día) de Madrid hasta que llegaron las terribles, descafeinadas y aburridas SupermartXes, los Cools y toda demás parafernalia del pose y del poco divertirse. Allí me he pasado unos domingos de película y aunque ya no me drogo, no me arrepiento de nada de lo que he hecho allí dentro ni de lo que me ha pasado, más que nada porque lo pillé en su momento, y era mi momento.

Algunos momentazos Space con sus señores temazos míticos:




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