jueves, 2 de junio de 2011

OPEN MIND - BARCELONA

El domingo pasado tuve overnight en Barcelona. Por fin me toca. Todos mis compañeros habían tenido ya como dos y tres overnights en Barcelona y a mi me tocaba Helsinki, Madeira, en fin, sitios chulos pero no llegaba mi ansiada Barcelona. Por fin el domingo llegó. Y claro, como no, la aproveché al máximo. El hotel lo teniamos un poco apartado. En El Prat, pero yo fue aterrizar, llegar al hotel, despedirme de la tripulación que se quedó en el hotel muy aburrida, y cogí el cercanías y me planté en el centro a eso de las 4 o 5 de la tarde. Iba haber quedado con un amigo pero al final no fue posible el contacto. Una pena porque es un muchacho que nunca decepciona y me lleva a unos sitios muy tremendos. Otra vez será, porque desde luego, si en julio me pilla tres días off en fin de semana, allí que estaré de nuevo. Barcelona me puede. Que pena que no tengamos base allí, sino pedía el traslado a Barcelona en vez de Madrid. De todas formas, la abrirán. Está al caer, y quizás, una vez en Madrid, me cambie a Barcelona para envejecer allí.





Estaba fantástica. Me di un paseo estupendo por todo el Paseo de Gracia, la Plaza de Cataluña con sus indignados, donde me emocioné muchísimo al comprobar que al menos en Barcelona que es lo que he visto sobre esto, ni mucho menos son todos perroflautas y allí lo que hay son unas ganas tremendas de cambiar las cosas y ser mejores. Firmé para la dimisión del hijo de la grandísima puta del Conseller de Interior de la Generalitat Felipe Puig, y les di muchísimos ánimos. Me abracé incluso a una chica que era fantástica y me contó todo lo que habían pasado, escayolada de medio brazo por cierto, por las palizas de los Mossos.




Bajé toda la Rambla, excitado como siempre, porque si hay una calle en el mundo que me excita es esa, hablando por teléfono con todos mis amigos, que no quiero saber la factura internacional a lo que va a llegar el mes que viene, y llegué a Colón. Coincidía lo del Barça y su copa, que la verdad, aun no sé cual es la que ganó. Había una formada tremenda y justo cuando yo llegaba a Colón, pasaba el bus con los jugadores, a los que no conocí por supuesto porque además, iban sentados bebiendo cerveza en la parte de arriba del bus, pasando de todo el mundo. Eso si, de los que si que di buena cuenta fue de los Mossos d´esquadra. Que hombres queridos...no os podéis hacer una idea. Es que me puse en primera fila y todos los que pasaban, todos, estaban como para casarse con ellos y cumplir las bodas de plata, oro, bronce, bisutería y todas las que queden. Son una raza superior, y si yo fuera un indignado, me hubiera indignado aun más si no me hubieran pegado palos lo suficiente como para dejarme señalado toda la vida. Esto no se debe decir con lo que ha pasado en Barcelona, pero yo lo siento así, y así lo tengo que decir.




Tras pasar por la Rambla del Mar, volví al centro y me senté en los enormes ventanales del Schilling, en la Calle Ferran, a tomarme unas cervezas bien frías. Uno de mis locales “tranquilos” preferidos de la ciudad. Allí admiré al camarero, empotrador en potencia, e incluso se me olvidó pedirle la vuelta porque estuve todo el rato intentando pillarle con fotos, pero nada hijos, no paraba un momento y no pudo ser.

Subí por la Catedral, por el Portal del Ángel y volví a Plaza de Cataluña, donde asistí, ya un poco pedo, a una asamblea. Lo vi muy bonito pero no me enteré de mucho, la verdad. Iba, creo recordar, de si se quedaban más días o menos allí acampados. Yo como estaba piripi, me senté allí como muy indignado, y hasta tuve turno de palabra con un megáfono. Yo les dije que me parecía estupendo todo pero que quedarse allí ya era un poco suicidio y que lo mejor era levantarse y organizarse de otra forma. Me hicieron el gesto este de las manos tan ideal, me excité muchísimo de tener mi éxito y de repente lo que vi es que me estaba meando vivo de las cervezas y me fui corriendo a un bar de la Rambla de Calalunya. Y claro, ya bebido y ya meado, que mejor hacer en Barcelona un domingo por la tarde, que acudir al Open Mind.




El Open Mind pasa por ser, a mi gusto, uno de los mejores bares de desnudarse que han existido. En España y fuera de ella. Recomendadísimo. Por sus instalaciones tan profesionales, por su enormidad, por la amabilidad de los que lo regentan, por sus horarios tan ideales y tan amplios y por su público, que es de calidad extra-superior-king size. Nada que ver con el Paw de Madrid, que le tengo un cariño enorme pero se queda a la altura de una jaula de periquitos si lo comparamos con el Open Mind. Le doy tres estrellas en mi Guía Michelín.

Serían las 8 de la tarde cuando entré. Me dijeron que había fiesta de máscaras. Claro, yo ya me vi con una escafandra o con una así más exótica y elegante rollo Carnaval de Venecia, pero desnudo por debajo claro. Pues no. Las máscaras de la fiesta eran rollo pasamontañas terrorista, que también tenían su aquel no digo yo que no. Además había que ponérsela a en la misma entrada y ya entrar así, y si te la quitabas, te expulsaban, con que yo me lo tomé muy en serio y así que entré.

La primera vez que fui al Open Mind lo hacían como cuatro números más atrás de la Calle Aragó y yo estaba en el curso de Ryanair. Hará como... algo más de un año. El local era muy tremendo pero nada que ver con este, que ya es como puesto con posibles y con todo lujo de detalles. Os voy poniendo fotos del sitio para que veáis. Nada que envidiar al Hoist de aquí de Londres ni a nada que yo haya visto. Allí que me desnudé con mi máscara puesta, allí que me senté y allí que me puse a beber. En el Open Mind siempre tienen tapas en la barra. La última vez que fui estuve comiendo desnudo unas mandarinas riquísimas. Esta vez tenían palomitas y ciruelas, y eso es lo que me puse a comer mientras me bebía litros de whisky como siempre. Una escena terruña como pocas. Empezó a venir gente, todos con sus máscaras, y además de unas calidades superiores. Yo creo que se ven estas cosas tan buenas, porque Barcelona está llena de guiris, sino no se entiende...y ellos como suelen ser monos, pues de esa forma tan absurda lo explico. El caso es que estaban todos estupendos. Yo no sé con quien me puse a hablar de la vida en la barra que terminamos subiendo arriba, donde están los rincones de la depravación. La subida (mejor la bajada) desde la planta de arriba la recomiendo mucho porque tiene como unas escaleras muy amplias, con luces en los peldaños, y te sientes muy Mayra Gómez Kemp bajando las escaleras del Un Dos Tres, pero desnuda y con máscara. Yo me ponía como muy estirado y saludaba a los hombres desnudos que había a cada lado y les explicaba que hoy el programa iba del Carnaval de Venecia y que yo llevaba la máscara porque tenía todavía los puntos de haberme arrancado la lengua en mi operación del cáncer tan famosísimo que había tenido.





Arriba, yo ya muy bebido, todo hay que decirlo. Me lié con uno así como un poco joven para mi. No recuerdo ni como empezó nuestro romance, ni nada por el estilo, el caso es que el muchacho, allí con su máscara, se agachó y me chupó el pito una barbaridad. Yo le decía que se estuviese quieto, que luego a mi me daba el sueño y me iba a dar mucha pereza irme de allí con la modorra pero no se estaba quieto y pasó lo que tenía que pasar. Casi me resbalo de la impresión encima de un muchacho que había tumbado en el suelo siendo pisado por otro. Levanté del suelo al muchacho que me había chupado tanto el pito y nos presentamos. Claro, con las máscaras no se nos veía lo monos que éramos, le dije yo, así que nos fuimos al baño a presentarnos de verdad. Y allí que nos metimos y allí que nos quitamos las máscaras. Bueno, el muchacho era monísimo!...yo me quedé muerto. Eslovaco, creo que me dijo que era. Una cara de estas del este brutas y masculinas. Nos fuimos a la barra a beber y allí al lado de semejante muchacho, yo me veía como Elena Santonja comiendo ciruelas y palomitas.

Luego llegó muchísima gente. Unos cachas como castillos, todos desnudos con sus máscaras y todos como muy profesionales. Hubo un momento que en una silla de dentista muy mona que tienen como atrezzo en la sala de abajo, se formó el típico follón de cachas que se forma donde todos se la chupan a todos, todos se la meten a todos y todos se resbalan unos con otros. Yo atendí mucho a todo pero enseguida perdí la cuenta de cuantos eran. Así que otra vez me subí arriba.




Esta segunda vez, fui yo el que se la chupó a un muchacho muy salao que había por allí dando vueltas. Se la chupe un momento, la verdad, porque enseguida me levantó de la litera de ski en la que estaba yo sentado y nos pusimos a hablar. Resulta que el muchacho era scort, lo que se dice chapero, vamos, pero de nivel. A mi me extrañó que fuera chapero cutre, semejante hombre mono y cachas pero ya me explicó que no, que él era de nivel y que se iba de viajazos y cosas, cosa que me creo porque no se le veía cualquier cosa y tenía su cultura muy bien llevada. Nos metimos como en una especie de cabina semi-privada con unas cortinas cuerosas y nos quitamos las medias de la cara para vernos mejor. Hablamos muchísimo allí metidos, vete tu a saber de qué y de repente me dijo que porque no me subía al sling, que me lo iba a pasar muy bien. Claro, yo que nunca me he subido en una cosa de esas porque me da vertigo, le dije que si, pero que me tenía que ayudar vaya que me partiera una cadera. Allí que me ayudó como pudo y allí que me vi colgado como si fuera un jamón. Fue subirme al sling, y de repente, todo el mundo que había en la planta de arriba se vino a mi alrededor. Yo creo que subirte a un sling es como cuando tienes una cacatua de esas que repiten todo lo que dices en casa y toda la visita se pone alrededor a hablarle a ver lo que dice de lo graciosísima que es. Pues esto debe ser igual. Es como muy atracción turística. El muchacho, así como muy profesional, me metió el pito entre unos balanceos muy bien llevados que si os digo la verdad, lo recomiendo mucho porque es como subirte en un columpio del parque cuando eres pequeño, pero sin tus padres por allí molestando y lo que estás es rodeado de tíos haciéndose pajas a tu lado y tu te pones a no mirar porque si miras te mueres de la vergüenza de verte allí y lo mejor entonces es pensar en Eduardo Punset diciendo aquello de que lo de la Acampada de los Indignados es como la Ruta de la Seda, donde se compartían chismorreos, genes e infecciones.

De vez en cuando abría un ojo y lo que veía a mi lado es un mar de hombres haciéndose unas pajas tremendísimas y con unas caras de estas de poner los labios como resoplando. Yo cerraba los ojos vaya que me diera por chupar algo, que bastante tenía ya con estar siendo empotrado colgado como un chorizo. Además me daba un miedo horroroso de que después de comerme tantas ciruelas como me había comido abajo, me diera una cagalera tremenda incontrolable allí subido con las patas abiertas, y matase al scort de un gargajazo anal.




Y ya decidí que había que bajarse, que ya había sido bastante. Así que como pude, me bajé de aquello que casi me mato, la nube de cachas se diluyó y me bajé corriendo a la barra a por un whisky. Allí que se bajó el scort conmigo y nos pusimos a hablar con un muchacho moníiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo que iba en silla de ruedas. De repente dieron las 11 de la noche y ya nos dejaron quitarnos las máscaras, que fue muy como de liberación de soltarse el pelo así muy con el aire del atardecer. No os podéis imaginar como era el de la silla de ruedas de mono. Una cara masculina, cachas como el sólo, vamos, una cosa...el pobre no sé que le habría pasado para estar en la silla, pero vamos, era monísimo, que era lo importante. Y claro, como estaba a esa altura tan peligrosa, fue acercarse a mi y empezarme a chupar el pito allí en mitad de la barra mientras yo me comía otra ciruela. La imagen debía de ser como para verla vamos...a mi no me importó. El muchacho era bien mono y además bien majo. Que más da que esté en silla de ruedas como que lleve tacones. Cada uno tenemos lo nuestro. Además era muy cómodo estar en la barra comièndote ciruelas y bebiendo whisky mientras un chico en silla de ruedas te la chupa. Yo me veía muy así de mayor en la residencia geriátrica, chupándonos los pitos los viejos sentados en nuestras sillas de ruedas, con las enfermeras metiéndonos sondas por el culo y dándonos la medicación alrededor.



Ya véis que el sitio lo tienen precioso puesto.

Luego ya se hizo tardísimo...no sé como corrió el tiempo tanto...vamos, que ya se puso la cosa como para cerrar. Y de repente, me vi como en la barra, sentado, con un muchacho atrás, todavía más cachas, como tocándome la pierna. Yo hablaba mucho con el camarero, que es un muchacho majísimo que he añadido al facebook y de repente, el que tenía detrás se puso como muy guarro y me cogió mi mano y me la puso en su pito. Claro, yo que tenía media ciruela en la mano, se me cayó por todo el pito y los huevos y se le puso todo como súper pegajoso. Yo le pedí perdón pero ya tenía yo tal pedo y estaba tan tan tan mareado y era tan tan tan tarde, que decidí que lo mejor era chuparle el pito antes de irme y terminar de comerme la ciruela.

Al hotel llegué en unas condiciones calamitosas. Dormí como 2 horas antes de la salida del vuelo. Me desperté, me duché, me aseé, me enjuagué todo muy bien y bajé al desayuno, que estaba allí la tripulación súper aburrida. Me preguntaron que qué tal con mi familia (era la excusa que puse para irme a mi bola la tarde de antes), les dije que la había visitado a toda por completo y que había pasado una tarde muy agradable, nos fuimos en el minibus al aeropuerto, hicimos un vuelo comodísimo de vuelta porque iban todos dormidos tan temprano que era, llegué a casa, me acosté, me toqué un poco porque tenía ganas de más, y esta tarde tengo decidido ir al Vault a ver si también dan ciruelas. Un beso.

3 comentarios:

Roberto dijo...

Ya he visto que se ha acabado cumpliendo lo que dije en una anterior entrada sobre principios y leyes con aquella experiencia del medical room...a toda acción le corresponde su reacción igual y en sentido contrario....y por lo que cuenta, bien se ha cumplido...
esperemos que esta tarde se siga cumpliendo ...la ley de Murphy se presenta siempre y destroza todo principio científico, así que continúe el balanceo ...

Roberto dijo...

Que se me había olvidado comentar sobre el Schilling..que mi Nokia es muy vivido él .. si, mi móvil dio y da fe del empotrador camarero empotrador, porque si conservan el mismo..tiene unas hechuras y una complexión dignas de traerte cuantos menos unos cafés....el Schilling bien merece una visita una tarde completa ...si bien no es tan gay como fue, sigue manteniendo la esencia ..... además creo recordar que esta zona era frecuentada años a, de hecho se acababa la noche por la Boquería para quien no había pillado para luego ir acompañado a desayunar a una cafetería cercana(cuyo nombre no recuerdo ahora), vaya, parecido rollo al de la cervecería que hay al lado de la Casanovas.

Anónimo dijo...

Me parece de un mal gusto impresionante tu falta de respeto a los enfermos de cáncer. Si te parece gracioso, te tengo que decir que no no es.

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