miércoles, 14 de septiembre de 2011

BERLIN 2011. TERCERA SALIDA. EL KIT KAT CLUB, EL BERGHAIN-PANORAMABAR Y EL LABORATORY.


Finalmente, llega la tercera y última salida en este maravilloso viaje a Berlín que repetiremos muy pronto. Creemos que en marzo volvemos por unos 12 días. Este ha estado muy bien porque además, tras las salidas tremendas, me quedé en casa de mi amigo Pepe unos días, al que quiero muchísimo desde entonces, y me dio tiempo a visitar nuevos lugares de la ciudad que aun no conocía. El aeropuerto soviético de Tempelholf, que hoy es un parque enorme y uno se pasea en bici por sus pistas admirando el monumentalismo de la terminal, “la madre de todos los aeropuertos”, como dijo Foster en su día. O Teufelsberg, las radios del bando aliado en la Guerra Fría que vigilaban todos los movimientos de los soviéticos al otro lado del muro. Decían que si a un ruso se le cae una uña, en Teufelsberg lo sabrían. Hoy está todo abandonado y reventado y de hecho, es propiedad privada del actor David Lynch, pero merece una visita sin duda. Está sobre una montaña, la parte más elevada de Berlín. La Montaña del Diablo se levantó de manera artificial con todos los cascotes y ruinas del Berlín destruido por las bombas en la Segunda Guerra Mundial. Un lugar misterioso y único, encrucijada de hechos historiquísimos y tremendísimos. Berlín fascina se mire por donde se mire.



El aeropuerto de Tempelholf es hoy un parque enorme y por sus pistas se pasea en bici, se vuelan cometas o se hace footing...


La enorme terminal del aeropuerto fue en su día el edificio civil más grande del mundo hasta la construcción del Pentágono.


Teufelsberg. Un lugar totalmente aparte de la realidad.


Las vistas de Berlin desde la antena más alta son impresionantes





Pero como casi todo esto lo tenéis en las guías de turismo y lo mío no, vamos a lo que nos interesa.


BERLIN. LA TERCERA SALIDA. KIT KAT CLUB, BERGHAIN Y EL LABORATORY


Cuando acabamos de beber y fumar y no parar de reír en el apartamento tras volver del Bull, decidí que lo más sensato (creo que es lo único sensato que ha habido en el viaje) era dormir un poco antes de ir al Kit Kat. No me hubiera perdonado por nada del mundo haber ido al Kit Kat cansadísimo como estaba ya y no disfrutar de aquel lugar único en el mundo. Hice bien. De 21h a 2 de la mañana dormí de un tirón y a las 2 me sonó el despertador y me puse en danza. Ya estaban todos por el apartamento poniéndose los modelos. Yo elegí para la ocasión, ahora que cuento con fondo de armario, mi modelo de ultra cerda que tantos éxitos ha cosechado en eventos como el londinense Hardon. Este:




Y bueno, mis amigos iban también bastante profesionales. Jesús se puso un modelo de rejilla muy mariquita y Antonio se puso unos cueros con un agujero en el culo. Maika decidió llevar un modelo de mujer policía muy vehemente que se compró en Nueva York cuando estuvimos por allí en el 2007. Y nos fuimos a la calle fresquitos como una lechuga.

Ya por la calle del Kit Kat nos pasó un chico corriendo medio desnudo, gritando y como pegándose porrazos contra las esquinas. O es que había entrado al Kit Kat por equivocación, o es que venía corriendo desde el Bull o es que ya se había quedado así por culpa de la ciudad. El caso es que allí que nos plantamos y allí que entramos.


Siempre en el Kit Kat te abre la puerta una sorpresa. Si la vez anterior fue un chulo como la copa de un pino medio desnudo, esta vez fue un señor viejo con pellejos desnudo con un piercing en el pito, aunque él, más que en la puerta, estaba dedicado a dar la bienvenida y enseñarnos donde era el ropero y todo lo demás. Yo llevaba ya mi modelo puesto debajo de la ropa normal, que como es muy complicado de poner, pensé que lo más cómodo era eso y no tener que ponérmelo dentro. Allí en el ropero o el dressing room o como queráis llamarlo, reinaba un ambiente muy propio, con la gente desnudándose, las chicas en bragas, los chicos en calzoncillos o en pelotas, un señor desnudo de unos 50 poniéndose como 4 cockrings en el pito, otra desnuda con una flor en el coño así muy de pétalos enormes...en fin, una maravilla. Pero las maravillas de verdad nos esperaban en su interior.

Si no sabes lo que es el Kit Kat de Berlín, es necesario que primero leas esta entrada a modo de reportaje e introducción. Sino, no entenderás mucho de todo esto. Pincha AQUÍ y luego vuelve a esta entrada.


Nada más entrar hay que pasar por la zona digamos, “chill-out”, toda de sofás blancos enormes, cortinas, velas, espejos, macetas enormes y mucho candelabro. Allí la gente desfasa a su manera, cada uno con sus modelos haciendo de las suyas. Lo primero que me llamó la atención fue un señor como con suspensorios, ya entrado en sus 60, tumbado solo en un sofá así como muy estirado, haciéndose una paja tremenda con el pito como a medio gas y con unas caras así como de mucho resoplar y como con unos sudores tremendos. Maika y yo que ya sabíamos de qué iba el sitio estábamos encantados pero claro, Antonio, Jesús y los demás estaban que no daban crédito. Otra chica con sus cadenas por todo el cuerpo y como con muchos abalorios y mucha cosa fetichista por encima pero con todo el coño fuera, andaba sentada encima de uno que estaba tumbado en otro sofá, y ella de espaldas a nosotros, lo cabalgaba muchísimo así de fondo, que era una cosa que me parecía super elegante.



Ya en la pista lo primero que hice fue sentarme un ratito en la barra porque aunque había dormido algo, andaba un poco lento de todo con tanto Bull y tanta cosa como había habido el día de antes. Pero con aquel musicón que había (para mi, el mejor de Berlín junto con el del Berghain), enseguida me animé. La música del Kit Kat por la noche es de temazos antiguos buenos todo el rato. Uno detrás de otro... de los míticos de los 90. Maravilloso. Por la mañana ya se pone así como más maquinoso pero vamos, que no desencanta tampoco.

Y ya me levanté y empecé a vigilar a los elementos y sus actuaciones, que para nada defraudaron. Había una chica sentada detrás nuestra, así como vestida muy glamourosa, agarrada a un señor con una camisa abierta y el pito fuera sin pantalones. Ella lo agarraba por detrás y le hacía unas pajas tremendas. Maika fue la que me avisó de lo que teníamos atrás. Nosotros mirábamos con disimulo porque allí nadie mira a nadie y la gente está super desinhibida pero aquello desde luego es como para no perder detalle de nada. Luego ya ella como que se hartó de aquello, se puso delante de él, se agachó y allí de rodillas bien que se la chupó muchísimo a aquel señor con aquella barriga tan enorme que le apretaba muchísimo la cabeza contra su pito y le daba así como meneos de tuerca.



Hay en la zona del fondo de la pista, unos sofás. Por allí hay que pasar siempre que se quiere ir al baño. Una de estas veces que fui a hacer pipí, me encontré a una chica gordísima, enorme, desnuda menos con unas bragas, y con unas tetas enormes así caídas casi como de sobaqueras sentada junto a otra. Las dos andaban tocándose y dándose morreos. Cuando salí del bañó, al pasar por allí de nuevo, ya me encontré a la de las tetas enormes, de pie frente a la otra que estaba sentada, y la tremenda le pasaba las tetas por la cara a la otra, que sacaba la lengua muchísimo y le escupía en las tetas y la otra le restregaba las tetas más aun en la cara con todos los escupitajos repegados en tetas y cara. Era una cosa muy tremenda. Yo lo que hago en estos casos es quedarme bailando por los alrededores del evento para no perderme nada y así no parecer un mirón.

Hay también en el Kit Kat, una parte así como en alto...se suben unos peldaños y es como una pista de sofás en los laterales y una cama al fondo en el centro. Allí que me llevó Antonio muy asustado diciéndome que estaban pasando unas cosas tremendas en esos sofás. Y efectivamente. Nos sentamos en uno de ellos a mirar el paisaje, que era desolador. En los sofás frente a nosotros, había un chico con unas rastas tremendas así vestido como de indio, follándose a una chica por el culo o por el coño, vete a saber, pero de una forma muy violenta. Ella estaba agarrada al sofá en pompa y el eran unas embestidas tremendísimas así como del fin del mundo. Pero mucho rato!...mucho! Vamos, que estuvimos yendo y viniendo a ratos y allí seguían. Era una cosa como de que nunca acababan. Hubo un momento que los vimos que hacían como un receso o como que habían ya acabado y ella se levantó muy follada y sin limpiarse nada ni hacer nada por ir al baño, y cogió las dos copas que tenían en una mesita al lado y fue a la barra a por hielo. Supongo que es que se le habían aguado claro... tanto tiempo... y se sentaron allí como ya muy normales a hablar de vete a saber el qué. En la cama del fondo había un chico así como muy repantingado tocándose los calzoncillos pero al pobre no se le acercaba nadie. Y luego también había otro chupándole el pito a uno en un rincón así de rodillas. El felado era así como grande pero no cachas, con un arnés, rapado y estaba desnudo del todo. Y luego el felador estaba vestido como de zanahoria...como con un modelo de hojas de papel pinocho naranjas y con un gorrito verde con un tallo encima. Yo sólo lo sé describir así. Pues con esa pinta, se la chupaba muchísimo a uno, que a mi si me viene un chico vestido de zanahoria a chuparme el pito en una disco, lo primero que hago es creerme que estoy en la subasta del Un,Dos,Tres y lo único que se me ocurriría es, tras la mamada, pensar que era Beatriz Carvajal y le pediría la tarjetita para que Mayra me leyese hasta donde pudiera....



Había muchos elementos muy tremendos así solos, como vagando por toda la sala. Habia uno especialmente raro. Era como una travesti, con un pelo tremendo de Duquesa de Alba pero mucho más arbóreo, pero como que se le había venido para alante y le tapaba toda la cara. Luego el modelo era de plástico pegado de color camel que se le trasparentaba todo, pero sólo por la parte de arriba. Por la parte de abajo no llevaba nada y lo que tenía era un pito que le llegaba así flácido, a la rodilla, SIN EXAGERAR. Yo no he visto un pito así nunca, y mira que he visto...

O un ser maravilloso, quizás el más bizarro de todos los que vimos. Pasó frente a nosotros varias veces y Maika y yo no cabíamos de júbilo cada vez que lo veíamos. ¿Sabéis como son las personas estas que van en silla de ruedas con las piernitas muy pequeñas así cruzadas? Bueno, pues este era de esos, pero con un arnés encima, las botellas de oxígeno detrás de la silla de ruedas en un compartimiento y los tubos así como por la espalda hasta la nariz. Si queridos. Iba entubado. Pero él si que no se perdía el Kit Kat. A mi me pareció de aplauso. Elemento hasta la muerte. ¿Como hay que ser ya de profesional para estar así de mal de salud, (que cuando estás entubado es porque lo tuyo ya es serio), que además, te vas así, entubado, al Kit Kat. Glorioso. De todas formas, igual os parece más gloriosa la nueva maquina de hacer fist fucking que vendían en la fiesta Pig del Folsom-Berlin este finde...



Eso ya para gustos.

También de repente, en la pista veías de repente cada chulo que te quedabas muerto. Había tres tremendos. Uno que era muy soso pero muy muy muy chulo, que sólo hacía mirarle los coños a las chicas pero no hacía nada más. Otro con unos pantalones de camuflaje también tremendísmo, y uno con una faldita escocesa sin camisa, monísimo, que le teníamos Maika y yo echado el ojo porque desde luego era tremendo. El más mono. Bueno, pues yo como siempre, no me pude resistir y me declaré. El muchacho no sabía apenas inglés pero algo de comunicación había. Y Maika que no es tonta e iba de policía, enseguida le enseñó las esposas, el muchacho puso las manos como muy entregado y Maika lo esposó. Bendito momento porque estuvieron liándose muchísimo todo el tiempo. Es más, cuando salimos, le pregunté a Maika que qué tal se lo había pasado y ella me dijo que ella muy bien, pero que él seguro que mejor porque en una de estas que se estaban liando, Maika notó como unos meneos gordos debajo de la falda escocesa del muchacho y lo que había pasado es que se había corrido. Hay que ver como son los hombres en Berlín... seguro que a mi Madre cuando iba a los guateques a bailar, no se le corrían los hombres en falda escocesa por debajo. El mundo ha cambiado muchísimo.




Hay otra sala en el Kit Kat, a la izquierda de la principal. Es así como con una música más atronadora pero la sala en si es más pequeña y a uno le da más por estar en la grande. Pues bien, en una de mis visitas a esta pequeña, encontré una escena maravillosa. En una silla de parturienta había una chica allí con las patas abiertas, desnuda del todo pero con un sostén muy cueroso así de flecos, con una trenza roja pero muy Infanta Elena colgando de la cabeza y otra chica le estaba metiendo un pito de goma rosa brillantísimo enorme por el coño. La cosa era que a la que le metían el pito de goma, estaba hablando y fumando muchísimo con unas amigas de al lado así como si nada, de risas y tal, y la otra andaba como muy implicada en ver como se la metía más y mejor, dando unas vueltas así muy tremendas con el pito dentro... era como muy tremendo de ver todo.

Y como no acordarme de aquella que había en toda la mitad de la pista, chupándole el pito a uno muchísimo tiempo, pero muchísimo, y el le apretaba la cabeza a ella mientras se liaba con otro rapado medio cachas. Aquello era como de verdad, muy del final de los tiempos. También vi de repente un chico chupándosela a otro que estaba apoyado en la pared de pie. El que estaba apoyado era como si fuera... como diría... el demonio de Poltergeist pero desnudo.



Y el otro no sé como era porque estaba muy vestido como de cowboy y de rodillas no lo podía ver bien, pero vamos, estuvo chupándole el pito un rato. Al principio los vi hablando así como de “hola que tal como estás” pero de repente sin saberse como, se agachó y empezó a chupársela muchísimo. También había un chico vestido de Blanca Nieves y otro vestido de La Sirenita... pero estos no se liaban con nadie.

Del Kit Kat nos iríamos sobre las 7 de la mañana o así, aunque aquello seguía lleno y lo seguirá estando todo el domingo aunque con menor profusión de elementos. El de la paja aquella tremenda de la entrada tumbado en el sofá, seguía en las mismas, por cierto. Si uno quiere ir a conocerlo de verdad, que lo visite el sábado por la noche y que no olvide llevar un modelo “curioso”. Sino, no le dejarán pasar. Entrar en el Paraíso, tiene sus reglas.



Pepe, mi amigo que os comenté al principio con el que me quedaría más días descubriendo más lugares de Berlín, me esperaba en el Berghain, que había estado de fiesta toda la noche. Así que nos fuimos al apartamento a hacer un receso de cervezas para cambiarnos los modelos y hacer nuestra aparición en el Berghain. Maika por supuesto se trajo al chulo de la faldita escocesa al apartamento y allí que se quedarían ya conociéndose mejor. Yo decidí junto con Jesús, Antonio y Pascual, que nos íbamos al Berghain. Y allí que nos presentamos.


Si no sabes lo que es el Berghain-Panoramabar de Berlín, es necesario que primero leas esta entrada a modo de reportaje e introducción. Sino, no entenderás mucho de todo esto. Pincha AQUÍ y luego vuelve a esta entrada.






Lo primero que impresiona del Berghain es la llegada. Ese edificio tan poderoso, tan rotundo, tan serio. Tan único. Berghain es ya desde fuera por si un espectáculo. Su entrada es muy dura. Dicen que unas de las más duras de mundo puesto que no se sabe nunca bien porqué reglas se rigen los de la puerta para dejarte entrar o no. Nosotros desde luego nunca hemos tenido problema pero es famoso aquello de que “los turistas no son bienvenidos” y ni mucho menos la gente que va vestida “normal”. Por la mañana todo hay que decirlo, se abre más a todo tipo de público pero siempre hay que guardar las formas en la puerta, no entrar haciendo ruidos o de risas, no parecer que vas en grupo o con muchas chicas y no parecer pijo o aunque suena mal, muy hetero. El precio es irrisorio y nada de móviles, como en todos los grandes clubs de Berlín. A mi me checkearon el móvil en la puerta, para ver que fotos/vídeos, eran los últimos que tenía guardados.



Encantado de estar en lo que seguro es el club más alucinante del mundo, estuvimos en la pista central bailando un ratito. El musicón es maravilloso. Una música oscura, industrial, bárbara y con ese estilo berlinés que sólo se puede conseguir en Berlín. Me quedé sorprendido de que aun estuvieran abiertas las enormes salas de Berghain. Normalmente, al empezar el día, las salas de abajo cierran y dejan abierto el Panoramabar, en la planta alta, ya durante todo el domingo hasta el lunes. Pero aquel domingo a eso de las 9 de la mañana, aun estaba aquello en marcha. Pero Pepe me esperaba en el Panoramabar y allí que nos fuimos todos. Y descubrí a Pepe, que me encantó. Nos conocíamos muchísimo de facebook y ya nos habíamos hecho muy amigas y tuvo el detallazo de invitarme esos días de más en su casa. Allí estuvimos hablando muchísimo y riéndonos una barbaridad de las más diversas tonterías. Estaba junto a dos travesties estupendas que me las presentó y también me presentó a un chico muy mono, chapero, que se quiere acostar con él pero Pepe no quiere porque ya son amigas. La verdad que me reí muchísimo porque me contó, en mitad de todo el pedo, la maravillosa historia de que su madre para adelgazar, se liaba un film de cocina por toda la cadera y con eso iba al supermercado y hacía los recados de la mañana y luego escuchaba él a las amigas de la madre comentar que “hay que ver los ruidos tan raros que hace esta mujer al andar por la calle”. Yo me meaba porque descubrimos que a su madre le iba el rollo momificación.



En el Panoramabar no se ven ya muchas vehemencias. Las vehemencias son por la noche en el prohibido Berghain, pero esta vez toco noche de Kit Kat. Aun así, el musicón del Panoramabar era bárbaro y daban ganas de quedarse allí todo el domingo, siguiendo los ritmos que imponen las mitiquísimas persianas que se abren parpadeando con los subidones del musicón.


Subida al Panoramabar

Yo llevaba un collar y una cadena de perro que llevé también en el Kit Kat, pero ya iba vestido más sencillito. La cadena de perro me da mucho juego en las discotecas porque la gente me saca mucho a pasear como un perro y yo hago mucho como que me meo levantando la pata en las piernas de la gente. Allí andaba yo bailando muchísimo con mi cadena cuando de repente vi a un muchacho así como medio mono y le di la cadena. Entonces a él como que le gusté (era español) y me dijo una frase súper bonita: “nunca he visto un sumiso como tú”. Claro, yo me encanté y le dije que me tratara como lo que era y cogió y me dio unos morreos tremendos y me tocó todo el cuerpo muchísimo. Pepe miraba así de refilón como vigilando a ver si el muchacho iba a abusar de mi o no y de repente al muchacho le dio porque me tenía que quitar la camiseta pero yo que no soy de eso jamás, porque uno solo se debe desnudar en los bares de desnudarse, le dije que ni hablar. Y ya se puso muy pesado con el tema y me fui con Pepe. De risas que seguíamos, de vez en cuando venía su amigo chapero y le decía que ya estaba bien de hablar conmigo tanto y que se fuera un ratito con Pepe pero hijo, es que las risas y las historias eran tan buenas que mira, no se podía... él estaba como un poco celoso... una pena porque el muchacho era muy mono desde luego.





De repente apareció un hombre enorme tremendo, con unas barbas enormes...tremendas...y como muy muy cachas pero de estos ya exagerados. Y sin camiseta y así de pantalones de cuero. Era mono pero con esas barbas lo que daba era miedo. Iba con un amigo así como más normal pero también con una pinta de guarro enorme. El tremendo bailaba como muy poseído y a Pepe, que también impone porque es un muchacho bien mono y también con sus barbas aquel día, lo miraba y le sonreía y claro, Pepe y yo decidimos que se tenía que liar con él. Primeramente entablamos conversación con su amigo normal, que lo primero que me preguntó es si me gustaba el sexo guarro y yo le dije que si...




No sé de qué más hablamos pero de repente ya Pepe se puso a liarse muchísimo con el tremendo y yo como me daba cosa estar por allí pegado, me puse a bailar otra vez con el que me cogía de la cadena de perro pero como estaba muy pesado con lo de que me quitase de nuevo la camiseta, ya me harté otra vez y me fui a mi bola a disfrutar del musicón con mis amigos que seguían por allí, más pa llá que pa cá.




Y llegó un momento que ya el tremendo se despegó de Pepe y Pepe y yo decidimos que ya era hora de irse a otro sitio. Mis amigos se habían ido ya y el Panoramabar seguía hasta las trancas de gente a eso de la media tarde berlinesa del domingo pero mira, era el momento perfecto de visitar los sótanos de ese edificio tan particular y único, y conocer el Laboratory. El club marica de desnudarse más grande de Europa (y del mundo...desde luego). Pepe miró en su iPhone que fiesta hacían y resulta que era “fiesta anal”. Yo le dije que seguro que era como una Supermartxé de esas así que mira, cogimos y nos fuimos para allá, que total, está torciendo la esquina de ese edificio. Desde luego, el dueño de todo aquello debe ser de toma pan y moja.




El Laboratory, como digo, ocupa todo el sótano del Berghain. Los sótanos de una central eléctrica soviética. Han conservado absolutamente toda la estética del sitio y no han tocado nada, eso si, dejando pasillos y salones llenos de colchonetas y camas, slings y potros de todo tipo. Pero por ejemplo, los baños, son los mismos que había en aquella época...graffiteados desde luego de arriba a abajo, pero los mismos. Y la barra es lo que parece fuera el control de válvulas de presión, haciendo de bancos para sentarse, unos enormes tubos. La verdad que el sitio, como todo ese edificio, es sublime.




Nada más llegar, me di cuenta que yo no llevaba unos calzoncillos dencentes como para acudir a una fiesta anal en aquel sitio tan distinguido. Los míos eran así de letras enormes de colores verdes y rojas de mercadillo y claro, como que no pegaba aquello. Yo mis calzoncillos caros no son. Total, para la vida que les doy, que o me los olvido en una casa, o me cago en un bar y no hay papel y los uso de papel y los dejo detrás de la taza de un váter, o me los rompen...pues mira, mejor baratos y así tengo muchos para salir muchas veces. Pero claro, aquellos para aquello no era, así que lo que hice en la entrada fue darles la vuelta para que parecieran blancos. La verdad es que las letras se trasparentaban muchísimo pero mira, que más da, si la gente que iba a haber dentro ya me la podía imaginar...




Pues no, me equivocaba. No me lo imaginaba.

Pepe y yo estuvimos hablando mucho en la barra y bebiendo. Y mirando el personal. La verdad es que en Berlín se lo toman todo tan en serio que en ese sitio van ya como muy muy muy disfrazados con cosas que no sabíamos ni como se llamaban. Uno llevaba un cockring rojo inflable, con eso os lo digo todo. Todo el mundo estaba más o menos o desnudo o en prendas menores de pieles carísimas. Lo primero que me sobrecogió del sitio, además del sitio en si, es los gritos que se escuchaban. Unos gritos de fondo como de estar matando a alguien o de estarle abriendo el coño a alguna a modo de cesárea... unos gritos muy desgarradores. Paseando, Pepe me enseñó todos los recovecos del lugar que la verdad, de primeras te parece enorme y liosísimo, pero cuando ya te das tres paseos, te haces con él. Tiene hasta una bonita terraza de fumadores donde la gente está allí con sus modelos fumando o follándose.




Había uno con unos pellejos horroroso...era una cosa porque de culo le colgaban dos cortinas de pellejo así como tremendas...yo le dije a Pepe que parecía una negrita del Informe Semanal con moscas en la boca de estas de Somalía... luego había otro que iba desnudo pero con una mochila a cuestas y con un osito de llavero en la cremallera. Una cosa como muy propia para el sitio. Otro estaba también en la terraza allí en calzoncillos, pero el calzoncillo lo llevaba cagado. No sabemos si se daría cuenta o no.




Luego ya Pepe y yo decidimos separarnos para hacer nuestras averiguaciones. Yo lo que vi fue la mayor concentración de fist fuckins de la historia. Uno por esquina. Pero una cosa muy escandalosa. Había algunos que llevaban en la pierna colgando su bote de lubricante tan grande como una lata de atún de dos kilos. Una cosa muy profesional como allí lo es todo. Y claro, lo de los fist fuckines eran los que gritaban tanto. Eran de verdad unos gritos de estos largos que son como estilo “AAAAAAOOOOOOOOAAAAAAAAAOOOO.... OOOOOAAAAAAOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAGGGGGGGGGHHHHHHHHH!!!.... OOOOOOOOOOGGGGGHHHH!. Pues así todo el rato en cada rincón. Y una peste a caca de vez en cuando o a popper que no se podía parar. La verdad que era también como muy del fin del mundo. Eso si, qué queréis que os digo, a las fiestas anales del Laboratory no vayáis, que los hombres monos, lo que se dice monos, no son. Aquello cuando parece que se pone bien es cuando son las naked, me ha dicho Pepe, que son unos tíos tremendos y no se cabe de la de gente que va. Esto era como más de sobremesa de tarde de domingo así de tranquis pero gritando con puños por el culo.



Esta era una de las partes más delicadas del lugar. Las escaleras bajan a una sala donde no hay nada, está alicatada hasta el techo y el que sea que quiera se tumba abajo en el suelo, como yo vi a dos, así como esperando a no se sabe qué, y de repente el que quiera, desde la planta de arriba, le mea (el suelo tiene una rejilla enorme). Yo lo vi muy tremendo.

En una de mis averiguaciones por el sitio, me encontré con el del Panoramabar que me quería quitar la camiseta pero mira, ahora que me vio en calzoncillos, ni me saludó. Que cosas...además se le veía como muy en su mundo...y como acelerado. Yo creo que allí la gente en aquel edificio, en general, se toma cosas...

Pepe y yo de vez en cuando nos veíamos así de paseo y me contaba con quien se había cruzado o con quien había tonteado pero como todos eran feos, no nos atrevíamos a hacer nada con nadie...y mira, la verdad es que para hacértelo con uno que te va a meter el puño por el culo y te vas a tener que poner a gritar así y te vas a quedar luego ronco, para eso mejor estarse quieto. Sólo había tres que eran monos. El camarero, monísimo pero soso como el solo. Uno cachitas así bajito con el que Pepe intimó en algún rincón y otro que me vino a mi y me dijo que si yo quería “jugar” . Y mira, le dije que si. Así que él como muy profesional, se fue a una pared llena de rollos de papel higiénicos como muy en cantidades industriales que había al lado de la barra y cogió un montón y luego cogió de unos grifos echa lubricante de allí al lado también, que es la primera vez que los veía, muchísimo lubricante en la mano, (yo pensaba que eran parte de la decoración soviética pero que va...) y me llevó a los baños. Allí nos encerramos y nos liamos muchísimo.

Como el muchacho tenía la mano así para arriba para que no se le derramase el lubricante, a mi me dio nosequé del pobre, vaya que se le durmiera la mano o le diera una hernia y le dije que me echara ya el lubricante por el culo porque desde luego el lubricante era para mi, no para él, y que salao que fue que enseguida me puso el culo como si fuera un filete ruso al huevo pero vamos, hasta la espalda eh? Una cosa... buenísimo para el cutis. Yo ya así como que muy rejuntado de todo, lo que hice fue chuparle mucho el pito. Un pito enorme así como de pensar que con eso yo no puedo pero saber que luego si que voy a poder por aquello de que el culo yo creo que ya no me cierra. Y desde luego que pude. Pude muchísimo. Me la metió allí en pie como muy mariquitamente y yo bien que lo disfruté. Además el muchacho era mono y lo hacía muy bien. Y era muy limpio, que en ese sitio, como en la mayoría de Berlín, son muy de no usar condón ni nada. Pues no, este usaba de todo y hasta me dio un smint cuando acabamos que yo no supe si tomármelo bien o mal así que lo que hice fue tomarme un whisky a su salud.

Pepe aparecería al rato cuando ya mi amante me abandonó y juntos nos iríamos, el a su casa y yo a mi apartamento, donde me econtraría a algunos (otros seguían vete a saber donde) y ya me fui a la cama para al día siguiente irme con Pepe unos días a su casa y como os he contado, descubrir más Berlín, la puta madre de todas las ciudades.

2 comentarios:

Roberto dijo...

Lo que está claro es que Berlin bien merece una visita por su arquitectura: por su arquitectura urbana y por su arquitectura humana..porque hay alemanes que parecen cincelados por alguna deidad teutona.

semenup dijo...

BRUTAL

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