viernes, 9 de septiembre de 2011

BERLIN 2011. SEGUNDA SALIDA. EL WATERGATE Y OOOOOTRA VEZ EL BULL.



Nada más llegar al apartamento, a eso de las 11 de la noche, ya vi que estaba un poco liada la cosa y que mis amigos estaban ya poniéndose los modelos para salir. Claro, a mi me dio tiempo de poco...cené nosequé, me lavé y me enjuagué y me puse el modelo para esa noche. Era como veis, todo muy estresante, después de la anterior salida. Se nos juntó una con la otra, como suele ocurrir en estos viajes, durante tres días.

Fuimos en taxi a Schöneberg, de nuevo el barrio marica del Bull, pero esta vez a un bar muy normalito, marica, así de niños monos y jóvenes con músicas pop maricas y ambiente muy “madrid” Vamos, una caca, comparado con lo que esa ciudad nos puede dar. Allí estuvimos todos tomando unas copas pero con unas ganas horrorosas de irnos enseguida al Watergate. Finalmente, Maika, Antonio, Jesús y yo nos fuimos al Watergate, y los demás se quedaron por allí, no sé para qué porque aquello más “normal” y más “aburrido” no podía ser.

Cogimos otro taxi y para el Watergate que nos fuimos. La cola en la puerta, como siempre, imposible. Recomiendo ir antes de la 1 por lo menos, o si se puede a las 12...porque de verdad, las colas son de decir: no vamos a entrar. Menos mal que las veces que hemos ido, no sé como lo hemos hecho, que nos hemos colado muchísimo de forma muy descarada... sino supongo que aun no lo conoceríamos. Y como no, Berlín volvió a sorprendernos. En el control número uno de la cola vimos que echaban a mucha gente para atrás. Nos dio miedo y pensábamos que quizás no nos dejarían entrar pero al llegar justo al control, nos fijamos que a los que no dejaban entrar, eran a aquellos que llevaban zapatos o camisa. No grité “VIVA EL COÑO BERLÍN” porque uno es educado, pero de nuevo me pareció sublime y maravilloso que en esta ciudad, todo sea al revés de como parece ser que deberían ser las cosas. Me acordé de mi Córdoba taaaaaanto...de esos sitios aburridos, cutres y pijos (extensibles a muchas ciudades, apunto), donde van de ser Studio 54 y luego es la mayor catetada que te puedes creer pero eso si, si no llevas zapatos, no se entra.

Cuando un sitio, como por ejemplo el Boom Boom Room newyorkino, es simplemente el sumun de la elegancia, ellos por supuesto pueden pedir la etiqueta que quieran a la entrada. Cuando un sitio por ejemplo, es el sumun de la modernidad, como es el Kit Kat Club, el Berghain o el Watergate, ellos también pueden pedir su “propia etiqueta”. Son sitios únicos y merece la pena que quieran conservar esa atmósfera por medio de seleccionar quien puede y quien no. Pero cuando un sitio es de lo más normal, con gente mediocre, un ambiente provinciano y en general reina un aburrimiento bárbaro, y de repente vas a entrar porque en tu ciudad no hay donde ir, y te piden zapatos “porque su clientela es distinguida”, te llevas las manos a la cabeza y dices: anda si, que es verdad, que si que sois distinguidos. Y te vas a casa a tocarte pensando en tu próximo viaje a Berlín.


El Watergate es un sitio sublime. No es un lugar en el que veas las “cosas” que se ven en otro sitios, porque el Watergate es ambiguamente mixto y poco dado a las escenas fuertes subidas de tono. Es un club con una reputada fama por llevar de poco en poco a las primeras figuras de la música electrónica, y además tiene ese punto de modernidad infinita berlinesa, gracias a sus instalaciones. Al borde del río, frente al puente más bonito de la ciudad, con su terraza flotante, y su planta de arriba con la luminotecnia más tremenda que se pueda creer uno, y la de abajo que queda abierta durante todo el día siguiente a modo de after. Digamos que al Watergate se va a escuchar música, más que a otra cosa, aunque siempre se puede tener suerte y ser testigos de algo imposible. En Berlín, todo puede ser.







Allí estuvimos bailando mucho y muy extasiados con el techo de la planta de arriba. La verdad que es que es tan original... y hablando de muchas tonterías. No os puedo comentar así nada especial del sitio que pasara, porque como os he dicho, este sitio va de bailar y de disfrutar de su sonidazo, y la gente aunque estaba muy atacada al final, nosotros ya nos habíamos ido a la planta de abajo a disfrutar de la fiesta a la luz del sol. El resto de nuestros amigos, los que se quedaron en Schöneberg por la noche en el bar marica tan normal, llegaron a estas horas de la mañana y ya se quedaron allí con nosotros.




Sobre las... 9? no sé que hora sería, la verdad, decidimos que nos íbamos al Golden Gate, que está cerca del Watergate. Todos son gates... Antonio, Jesús, Maika y yo de nuevo, porque los otros como habían llegado tan tarde, se quisieron quedar más tiempo en el Watergate.

Como la web del Golden Gate es tan rara, nunca hemos sabido bien ni cuando está abierto, ni cuando está bien ni como se llega exactamente, ni que tipo de gente va, ni nada. Lo único que sabemos es que está abierto de forma constante casi todo el finde y que la gente está fatal allí dentro, pero por desgracia, nunca hemos conseguido entrar. El sitio está debajo de un puente del tren ya la entrada parece de tugurio completo...pero luego parece ser que dentro está muy divertido. No lo sabemos porque no nos dejaron pasar. Nos dijeron que había que traer sello. Yo pregunté de donde, para ir a ponérnoslo, y nos dijeron que la próxima vez llegáramos más temprano. Una pena hijos...porque ese sitio ESTOY SEGURO, que tiene que ser también de toma castaña, según lo que vimos en la puerta de elementos.



Maika decidió que ya se iba al apartamento porque estaba algo cansada pero nosotros, Jesús Antonio y yo, decidimos que había que seguir por ahí porque estábamos en la flor del pedo. Y mira, que bien que hicimos porque desde luego lo que estaba por venir era inmenso. Yo les comenté acerca del sitio en el que había estado yo pasando todo el día anterior...el Bull...y claro... allí que nos fuimos los tres. 



Cuando llegamos, Antonio fue el primero en ligar. No recuerdo muy bien como era el muchacho, pero Antonio se pegaba unos lotes muy bonitos con él, allí sentados en unas taburetas. Jesús y yo bailamos mucho aunque al principio la cosa estaba un poco alicaída, la verdad. Aquello se empezó a animar como a medio día, a eso de la 1 de la tarde... supongo que cuando todos los discotecones de la noche empezaban a soltar a los más profesionales, y estos se venían al Bull. Se llenó. Y se llenó con todo lo mejor de la noche berlinesa.

De repente salió del cuarto oscuro, un muchacho desnudo, cachas y hasta mono, que no paraba de bailar clásico,a modo del Cascanueces, pero con unos aspavientos muy tremendos, y como dando unos pases muy vehementes así de saltos con los brazos abiertos y como muy entregado. Yo no pude hacer otra cosa que ponerme a bailar con él muchísimo del brazo y él me sacaba mucho a bailar y me daba así catitumbas por los sofás. A mi me encantaba. Tan sudado. Tan desnudo. Tan drogado... de repente en un receso, yo que estaba sentado en una tabureta bebiendo, se me acercó y se me puso más de media hora, a contarme lo fanático que era de Lady Gaga. El tendría sus 40 años pero el muchacho lo vivía mucho. Me comentó que al igual que Lady Gaga lo había pasado muy mal de pequeña porque era una rara, a él le estaba pasando ahora lo mismo de mayor, que sus amigos no le hablaban, que había perdido todo contacto con la sociedad, y que donde mejor se sentía era desnudo en el Bull bailando. Yo le dije que no lo veía raro para nada, y que la rara era la gente de la calle. Que él hacía muy bien en hacer lo que le viniese en gana en el Bull. El me dijo que por favor, cuando yo saliese del Bull, transmitiese su mensaje de Lady Gaga al mundo, a lo que yo le contesté que desde luego que lo haría, que no se preocupase.

Justo después, como que se liberó el muchacho más, y se puso a cantar al estilo soprano, muy muy muy exageradamente, dando unos saltos como si fuera un ciervo por allí desnudo y metiendo unos gritos y unos berridos clasicos estupendos. Yo no daba crédito y no hacía más que aplaudir. Se subía la criatura a los sofás desnudo y pegaba unos saltos al suelo enormes con unos gritos y unos gorgoritos enormes. Se me acercó y me comentó que su mayor ejemplo de lucha en la vida era ahora Maria Callas, y que sobre todo se relajaba, cantando como ella desnudo en el Bull. Maravilloso. Antonio, Jesús y yo no podíamos dejar de animarlo y de decirle oles y oles a cada berrido desnudo que daba. Se subía a una banqueta y de repente, dando gritos de soprano, se le ponía un muchacho a chuparle el pito allí de rodillas. La soprano le agarraba la cabeza y se la apretaba contra el pito mientras daba más y más gorgoritos en un espectáculo bizarro, bárbaro y maravilloso. VIVA EL BULL!



Aquí vemos a mis amigos Jesús y Antonio, y al fondo a la derecha, a la cantante María Callas desnuda, también fan de Lady Gaga.

Pasó el tiempo y de repente llegaron los amigos que dejamos en el Watergate. Fue allí cuando se despendoló todo aun más. Antonio y yo, en una de nuestras visitas a los baños, encontramos la típica escena de 4 chicos teniendo sexo en los lavabos. Antonio estaba muy asustado pero como había que pasar entre aquello, como pudimos, pasamos. Lo difícil era pasar, porque estaban tirados por los suelos, de cuclillas o de rodillas chupándose las cosas, y cuando uno pasaba a su lado, te cogían de los pies y como que te querían retoquetear entero. Antonio pegó un salto sobre dos de ellos, y yo casi que me escurro, pero finalmente, pudimos meternos en un cuartucho.

En otra de las visitas a los baños, el Bull nos regaló una de las escenas más bizarras, grotescas y maravillosas que nuestros ojos hayan visto. El mismo grupo de antes había menguado y ya sólo eran dos. Uno estaba desnudo completamente, de cuclillas, con unos calambres horrorosos y con unos sudores terribles, intentando chuparle y agarrarle el pito al otro que estaba de rodillas haciéndose papelas o rayas o lo que fuera. De repente, al desnudo de los calambres, le empezaron a dar como unos ataques rarísimos mientras temblaba muchísimo, y se empezó a cagar allí mismo en el suelo. Claro, aquello nos pilló a Antonio y a mi a su lado, y como sería el muchacho de profesional, que cuando pasábamos, el entre calambre y mojón de caca que echaba de cuclillas, nos agarraba de las piernas y nos intentaba llegar al pito para intentar chuparnos algo. Era una cosa tremendísima de ver de verdad.

Cuando salimos del baño, el de las papelas ya se había ido, y el baño estaba lleno de cacas así puestas a modo como de granja, por todo el suelo, y el que las había puesto, el desnudo, seguía en un rincón de cuclillas como con calambres, con todas las piernas llenas de caca y como con condones abiertos o usados o vete a saber en la mano. Él nos miró como con cierta picardía y yo le sonreí. Antonio se asustó mucho y salimos de aquello como pudimos. Yo me meaba de la risa todo el tiempo mientras Antonio intentaba explicarse y explicarme lo que acabábamos de ver.

Al rato, el de los cantos como María Callas, lo vimos en los sofás liándose desnudo muchísimo con uno. Cuando nos dimos cuenta, con el que se liaba era con el de las cacas del baño, que otra vez estaba con los calambres y las piernas llenas de caca, a cuatro patas en los sofás, como esperando a que el cachas soprano se la metiera pero este no estaba en ese plan y lo que hizo fue ponerse detrás suya en posición empotrador, pero ni lo montó ni nada, simplemente le pegó como 4 cachetes en el culo en el subidón de su canto soprano, así gritando muy fino y agudo, el otro se cagó de nuevo allí en medio y yo aplaudí muchísimo de pié.

Todo esto es cierto y verídico y Antonio lo puede confirmar, que luego me dicen que es que exagero mucho.

Al ratazo, vi al muchacho con el que me había quedado a dormir en su casa la noche de antes. El cachas aquel mono que iba con un arnés de cuero por el local. Lo vi igual, con su arnés de nuevo y igual de mono y de cachas. Le pregunté que qué tal estaba y me miró como extrañado. Le pregunté que si se acordaba de mi y me dijo que no. Le dije que yo había dormido en su casa la noche de antes y ya me dijo: -ah si... sisi... y me comentó,con todo el valor del mundo, que nada más irme yo, se había vuelto a meter en el Bull y de allí no había salido. Sublime. Llevaba en el Bull un día, me conoció, nos fuimos a su casa a dormir un rato, y el muchacho se metió de nuevo en el Bull cuando yo me fui, hasta el día siguiente. Lo de Berlín es de matrícula. La verdad que estaba el muchacho muy entero y muy mono, pero como algo soso. Yo creo que estaba ya muy pasado... igual no sabía ni donde estaba, porque no se acordaba ni de que yo hubiera dormido en su casa con él unas horas. Que cosas...

Estaríamos allí como hasta las 7 de la tarde...o las 8...a saber..y nos fuimos al apartamento no sin antes pasar por un Kaiser, el Mercadona de Berlín, para comprar unos licores y unos hielos y seguir en el apartamento. Allí estaba Maika con la que disfrutamos de muchas risas ya en un ambiente más calmado pero igualmente disparatado, comentado las jugadas del Bull, que fueron sin duda maravillosas. Los del piso de arriba estaban de juerga también, y el musicón del Tresor se escuchaba todo el rato por la ventana. Allí no había quien descansara, pero finalmente, todos nos fuimos a dormir cerca de las 9, hasta la 1 de la mañana, cuando nos levantaríamos para irnos al Kit-Kat. Se acercaba sin duda, la gran noche y mañana del viaje.

PRÓXIMA ENTRADA, LA GRAN NOCHE (y su mañana)


2 comentarios:

Roberto dijo...

Yo me quedo con la escena del baño en la que el que se encuentra colapsando ya al límite, no deja de perder el norte y la razón por la que se encuentra allí...chuparla. BRAVO.

falleratrix dijo...

de aplauso lo tuyo...mira que he vivido años en berlin, que voy cada dos por tres y no conocia el BUll, pero vamos, en mi proximo viaje allí de cabeza!!!

que ganas de leer tu entrada de la gran noche y su mañana....

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