sábado, 31 de octubre de 2015

CRUCERO LA DEMENCE 2015

Como viene por desgracia siendo habitual desde que me compré el pisito en Londres, actualizo de mucho en mucho. Han sido cuatro meses de break pero gracias a Mayra puedo decir que mi pisito ya esta prácticamente acabado. Siento mucho esta desaparición pero desde luego aquí vuelvo y con las pilas cargadas, para contaros con mas pelos que señales, lo que ha dado de si este verano. Han sido muchas historias, a cada cual más preciosa, cerda y con los plásticos y botas siempre de por medio. Agradezco mucho la espera y los mensajes que he ido recibiendo durante estos meses. Aquí estamos de nuevo, para dar unos cuantos saltos en el tiempo, pa lante y pa trás, y contaros todo, todo y todo. Comencemos por la puerta grande.


CRUCERO LA DEMENCE 2015



No podía faltar este año ni por supuesto lo haré el año que viene. La cita anual del desate en alta mar dio muchísimo de si y mucho más de lo que es de si. Fui culo navegando con el ocaso del sol alumbrando mis nalgas a la merced de las olas y de los chulos a bordo del Sovereign. Os desglosaré los grandes momentos, no sin antes haceros conscientes de en lo que ese barco se convierte durante una semanita.




Del lujo de sus catorce cubiertas y sus 2800 maricas todos dispuestos a empotrarte en los más inverosímiles rincones, a la bonita tienda a bordo, que pasa de ser una tienda de souvenirs, a convertirse en una guarrada maravillosa de plásticos, leathers, pollones de goma y mucha pedrería. El día del popper a 10% rebajado en todas las cubiertas tampoco faltó este año.







Lo que más me gustó al embarcar fue las interesantes películas que ponen hasta por los casinos del crucero. Todo muy a tener en cuenta. El que no repite es porque ya se ha cansado de la vida. O porque el culo ya no le ha dado para más. Para tener una visión más general de lo que es el Crucero de la Demence, pulsa AQUÍ.





Recuerdo ser violado en multitud de ocasiones. Pero hubo tres que relataré con todo lujo de detalles.

Visiones de Polonia desde la mirada del fetish en el comunismo:

Conocí a un polaco una de las múltiples noches a bordo. Una de las primeras. La verdad que el muchacho era bastante majo y simpático. Seguía las bromas y tenía conversación. No era de estos circuiteros que vinieron más que nada a molestar y que espero que este año falten. Este muchacho era de CALIDAD. Y tanto. De repente me invitó a su habitación en una de las cubiertas más altas del barco. Allí que llegué. Y allí que me encontré en mitad de la operación nécora. O la operación Rescaten el Titanic... yo ya no sé bien que era aquello. Había un israelita metiéndosela a uno en la cama. Un ruso metiéndosela a uno en la mesa. Un checo chupándosela a uno en el baño y yo y el polaco y yo desnudos en el balcón fumando un cigarrito hablando del Palacio de las Artes y las Culturas de Varsovia, que es mi edificio preferido de esa ciudad. Cuando quise mirar a través de la puerta de la terraza, todos los de antes habían decidido jugar al twister y se habían cambiado las posiciones de forma inenarrable y se habían unido otros dos que pasaban por el pasillo y habían hecho uso de la jornada de puertas abiertas.

De repente el polaco se quitó el medio taparrabos que llevaba y se quedó desnudito apoyado en el balcón. La brisa marina corría y acariciaba nuestras carnes, y yo de rodillas agarrado a la baranda con una mano y a una pierna con la otra, ya pegaba arcadas y lagrimones chupándole muchísimo el pito como si la Ola de Mundaka me meciera hasta el infinito. Creo que hubo un momento que también entró al balcón el israelita, al que en nombre del Estado Islámico, le di dos o tres buenas arcadas en todo el pito, como si de un acto terrorista se tratara. Me sentía atómica.
En uno de estos momentos que tan solo en un crucero de La Demence puedes vivir, el polaco me pidió por favor que le meara encima. Yo la verdad, con tanta piña colada doble como llevaba encima, me dio muchísima pena tener que deshacerme de tanto bebercio de esta forma. Además verter mis piñas coladas sobre un hijo del comunismo no me parecía que pegase. Sería más lo suyo invitarle a una raya de azúcar moreno diciéndole que era mdma, que seguro que en su país en esa época es a lo que más llegaban, pero bueno, como insistió, pues me propuse mearle. Pero claro, el baño estaba ocupado por una felación y desde luego en la habitación tan enmoquetada no era plan de ponerse a mearle a nadie y menos a un comunista, así que al explicarle el problema, decidió que lo mejor era que le meara dentro de su culo. Una fiebre tifoidea lo alumbró en forma de aura, y a mi un escalofrió de pasivo que le mea a un muchacho en alta mar dentro del culo. Pero como la brisa acompañaba, el israelita se había ido a hacer el trenecito en el pasillo con el checo y los otros estaban en la mesa tirándolo todo por el suelo, decidí que si que era el momento para aquello.




El polaco se puso en pompa pero con las patas rectas, es decir, no en sus rodillas. Con la cabeza apoyada en una hamaca. Y se abrió el culo con las dos manos. Creí estar delante del Cenote dos Ojos de Yukatan. Aquello era de una profundidad y un diámetro que echaba para atrás. Por poco no salto a alta mar en forma de refugiado sirio en busca de la Isla de Lesbos ante tal insulto, pero me armé de valor y fui a hacer los esfuerzos previos a soltar un orín. Pero la situación me superaba. Así que me dijo que para que fuera todo más fácil, se iba a poner en “V” para que el culo se abriera mejor. Claro, sería más fácil para él, porque para mi fue recorrer toda la Linea Maginot, hasta que le pude mear. Una cosa oscura de verdad como pasivo, de vivir, que no se la recomiendo a nadie a no ser que estés en ese barco, que entonces si que te encanta la verdad. Y allí, con sus patas aguantadas en “V” por sus manos, abiertísimo en una hamaca, con el culo abierto como si fuera un sumidero, y yo sin necesidad alguna de meter mi pito en su culo porque el agujero era como un urinal, le mee dentro muchísimo con además el típico sonido de estar meando en un vaso de litro que te encuentras en un váter y lo llenas en vez de apuntar al váter. Lo increible era que no rebozaba. Aquello caía todo dentro y todo iba tragando no sé si para un lado o para otro porque creo que aquí lo de la ley de la gravedad australiana ni se cumplía.

Nada más acabar de mearle todo entero, el hijo de Lenin se tumbó en el suelo y me pidió que le subiera las piernas, para que no se le rompiese la presa de Tous y se le saliera todo el cocinado. Me dijo que diera dos o tres estiramientos hacia arriba para hacerle bajar bien el caldito y una vez el se sintió completo, corrió al baño cogiéndome de la mano y echando a los muchachos que allí se encontraban copulando. Esta vez había uno más que ya no discernía yo a saber de que país provenía. Se metió un consolador por el culo para hacer tapón y como si nada, se fue a la habitación a echarse un vino tinto y brindar conmigo. Yo brindé. No sé en nombre de qué. Supongo que por la Perestroika, porque lo siguiente que hizo fue abrirse al mundo con todas sus magníficas posibilidades. Esto es, se fue al balcón de nuevo, se subió en una mesita, se puso en pompa hacia el mar, y cuando ya el sol asomaba por el horizonte de aquella mar en calma, un grueso chorro de meado y tropezoncitos de caca salían en forma de Manenken Pis equivocado por su culo, vertiendo a alta mar lo que sin duda nunca podrá acercarse a un vertido de Aznalcollar, cayendo al mar de forma limpia, contundente y como símbolo de que una Polonia más equilibrada ya no era posible nunca más.




Sobre el sentimiento más puro y bello de sentirse utilizado

En otra de esas noches que pasaran a la historia en el crucero fui ofrecido como regalo a un señor. Esto es: Me encontraba yo en mitad de la fiesta fetish con mis plásticos de gala puestos y bien brillantes, cuando de repente un mexicanito muy salao me vino de frente y me dijo: Ven. A mi el ni me gustaba mucho ni nada pero como el crucero es todo un ser valiente te echen lo que te echen, yo decidí que era acertado ir y exponerme a lo que fuera a ser aquello. Andamos y andamos por pasillos y pasillos. Bajamos y bajamos plantas hasta llegar a una cabina. La abrió y me dejó pasar primero. Lo primero que me sorprendió era la oscuridad y el sonido ensordecedor de la música y el foco con los flash de foto que tenía este señor montado allí. Había hasta una pantalla de plasma extra además de la tele de la habitación, con una porno puesta, más la porno del canal porno del crucero. Redes de camuflaje típicas de discoteca de cerdas maricas colgaban del techo. Un olor intenso a goma, popper y cuero lo inundaba todo. Y al fondo, una enorme cama con un chulo sentado contra la pared, pajeándose, como la copa de un pino de grande, bebiendo. Y el mexicano me dijo: -”Disfruta. Tu eres su regalo. Somos pareja y hoy eres tu” Cerró la puerta y me que a solas con ese jamelgo, que haciéndome el gestito con las manos, me llamó como haciendo un pitas pitas. Yo acudí prácticamente a cuatro patas subiéndome por la cama y dando por pagado en ese momento este crucero y los dos que vienen detrás. Ni hablamos. No nos miramos tampoco mucho porque como lo que vi nada más entrar me hizo poner ojos de Tio Gilito, no quise mirar nada más. Solo tragar. Me metí el pito a la primera por la boca hasta dar una de esas arcadas que escuchan hasta en las ruinas del Costa Concordia. Y me apretó tanto la cabeza contra su pito que estoy seguro de que hasta saltaron las alarmas que no tenía ni programadas en el móvil en mi habitación como cuatro plantas abajo. Los lagrimones, preciosos, corrían por mis mejillas desnudas. Las toses, sus dedos metidos ya en mi culo ensalivados... la sensación de plenitud era máxima. Solo pensaba en Mayra bajando las escaleras como símbolo de perfección. Y al ratito, me puso a cuatro patas en el filo de la cama, y me empotró. Me empotró, de todas las formas que se puede empotrar un culo como el mio, que son todas. No sentí dolor, tan solo libertad, ofreciendo cada envestida a la Pinta, la Niña y la Sta María.




Percepciones al borde de la piscina

Otra tranquila noche de verano a bordo del Sovereign, encontrándome en la misma cubierta donde el mexicanito me ofreció como regalo a su pareja, un bruselisoletano se me presentó. Un muchacho muy amable, correcto, europeo y muy alto, recuerdo. Me quiso llevar al cuarto oscuro que ponen en las pistas de padel de popa, pero le dije que yo no era muy de cuarto oscuro, y que si quería, nos podíamos tomar una piña colada en la barra para conocernos mejor. Me puso una mano en la cabeza y apretó. Allí me senté, solo y desamparado al borde de la piscina, como boca sumisa que soy, y allí en mitad de toda la barbarie terrorista que es aquello, le chupé el pito de una forma brusca y elocuente. Mi amigo César, que se encontraba conmigo, hizo de oídos ciegos y ojos sordos y tan solo escuché un aplauso efusivo por parte de dos personas a las que ya no quise mirar porque ya me encontraba centrado en ese espesor que se crea en la boca tan maravilloso cuando las lagrimas caen, símbolo de devoción.

Europa es solidaridad. Lo hemos visto con los Húngaros y los Sirios. Y una mano amiga, en aquel momento, se acercó a mi cara ofreciéndome un bote de popper. Allí, consolada con aquella polla en mi boca frente a las oscuras costas de Sorrento, entre tanta piernaza de tanto tío y tanto paquete inflamado, le metí un lingotazo al bote, se me puso cara de María Jiménez regando geranios, tiré una tela que decoraba el borde de la piscina, y luego lo tiré a él de tanto como me agarré al querer unirme para siempre a ese pito que ya era parte tumoral de mi esófago. Un esófago, patrimonio de la humanidad.




La 1010

Y como creme de la creme que eres nada más subes al Crucero, fuimos invitados a unas bonitas recepciones en la habitación 1010. La Suite Presidencial. Que aquello, era prácticamente un señor piso con todas las letras, y lo tenía un chico qatarí mmajísimo. El se portó con nosotros de forma maravillosa. Sin mácula. Eso es clase, sencillez, y educación. Y no la de las circuiteras que entraron en una de esas fiestas a la suite, seguramente sin ser ni invitadas por el qatarí, arramplaron con todas las botellas que vieron, se pelearon entre ellos en mitad del salón a ver quien se llevaba que, y se fueron sin decir ni adiós. GENTE ASÍ, SOBRA, Y MUCHO. El año que viene, quedaros en vuestra Matinée, que está perfecta para vosotros, gitanos de medio podium que sueñan con salir en una portada de cd de Matinée aunque sean pintados con clembuterol. Gentuza.

Sin dedicar más a esta mierda de gente, lo que en la 1010 se formaba siempre era digno de tener en cuenta. Allí estaban invitados siempre lo mejor de lo mejor. Lo más históricos de La Demence. El servicio entraba a cada rato con carros llenos de bebidas a espuertas. La sex party del dormitorio, continua y sin cierre de puertas, era digna de verse. Acercarse al dormitorio era como acercarse a una carretera recién asfaltada...el olor a fragancias © Rush era impresionante. Maromos de todas las nacionalidades con unos pitos que yo nunca he visto se te ofrecían en una especie de paraíso de la bacanal desequilibrada y sin señales de acabar nunca. La mesa era un espectáculo. Y si de espectáculos hay que hablar, desde luego hablaremos de la terraza, donde al alba, y con viento duro de poniente, los maromos se empotraban unos a otros al ritmo de la noche, del día y del musicón que allí imperaba. Era, el desbarajuste más absoluto. Mis amigos y yo fuimos además testigos del mayor pito que hemos visto nunca. Sin exagerar. Como un brazo. Y mira que hemos visto cosas. Pues yo como esto, nada. Con deciros que todos los que estábamos en el balcón, con aquel solo dando de cara, esperábamos con el numero cogido a ver cuando nos tocaba... No tuve la suerte de ser uno de los escogidos, pero hijos míos, aquello daba dolor hasta de verlo. Sobre todo cuando se la metió a un muchacho que era puro pellejito. Yo solo pedía por mi y por todos mis compañeros, pero por mi primero, que fuéramos testigos en carnes, al menos alguno, de aquella maravilla, pero nunca llegó. Estaba muy solicitado la verdad.





Desde aquí, un saludo enorme al qatarí por su forma magistral de hacer las cosas con estilo y con elegancia, aunque para mi madre aquello fuera todo menos elegante.

Desde aquí un abrazo también a La Prohibida por compartir con nosotros varias comidas y varias cenas y por lo agradable de su compañía. Mis disculpas por no poder haber asistido a su show. Estaría ocupado.




Desde aquí un saludo a la organización. Un abrazo a la organización y un sentido sentimiento de agradecimiento por haber vuelto a disfrutar de una de las semanas más inolvidables, si no la más inolvidable, de toda mi vida. De nuevo. Deseando volver a repetir una de las experiencias que uno jamás olvida. Por la compañía, por el exceso, por el panoramabar que aquello es, y porque aquello está pensado solo para ser disfrutado por aquellos que saben hacer disfrutar a los demás tan solo con la sonrisa reciproca de estar pasando una semana de libertad y desconexión en la que todo está permitido.


FELIZ 25 AÑOS LA DEMENCE




1 Comment:

Sufur dijo...

Y que cuuuuumpla muuuuchos maaaas! ;-)

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